La protesta no surge únicamente de una demanda específica. También es resultado de una lectura estratégica del entorno político. Los grupos organizados aprenden a identificar ventanas de oportunidad, momentos de vulnerabilidad institucional y escenarios en los que el costo político de ignorar sus demandas aumenta significativamente. Los grandes eventos internacionales suelen producir precisamente ese efecto.
Por Mario Luis Fuentes
México se aproxima a la inauguración de una nueva Copa Mundial de Fútbol en medio de tensiones y movilizaciones sociales que merecen la mayor atención. En efecto, mientras el Gobierno prepara la realización de uno de los eventos de mayor visibilidad planetaria de las últimas décadas (se espera que el partido inaugural sea visto por más de 5 mil millones de personas), múltiples organizaciones sociales anuncian movilizaciones para el 11 de junio, justamente el día en que las cámaras de todo el mundo estarán presentes en el país.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, particularmente la Sección 22 de Oaxaca, encabeza una parte importante de esta convocatoria; junto a ella se encuentran madres buscadoras, pensionados de PEMEX y de la CFE, organizaciones campesinas, transportistas y trabajadores de la salud. Los movimientos sociales conocen el valor político de la visibilidad y entienden que toda coyuntura extraordinaria modifica las relaciones de fuerza entre los actores.












