De entre las incontables noticias que en los �ltimos meses, y especialmente en los �ltimos d�as, inundan los medios de comunicaci�n y generan una honda preocupaci�n en la ciudadan�a sobre la calidad de la vida pol�tica de nuestra democracia hay una que puede que haya pasado desapercibida para el gran p�blico. Sin embargo, no ha sido as� para los acad�micos que llevamos a�os estudiando c�mo se producen las movilizaciones ciudadanas m�s inesperadas.La noticia en cuesti�n es que ya no s�lo hay algunas voces cr�ticas en el PSOE con la actual direcci�n, sino que un -muy reducido- grupo de militantes de este partido abiertamente piden que su secretario general dimita del cargo y no vuelva a ser candidato a la presidencia en las pr�ximas elecciones generales. As�, en los �ltimos d�as hemos conocido nuevos nombres, como los de Laura L�pez Mendiz�bal y Roberto Gonz�lez, miembros de la plataforma ReActiva, que secunda la propuesta defendida en solitario hace unos meses por el ex ministro Jordi Sevilla. A pesar de su aparente intrascendencia, estos peque�os movimientos de personas an�nimas han sido fundamentales en otros momentos hist�ricos para provocar cambios m�s profundos, como el que puede estar gest�ndose en nuestro pa�s.A lo largo de 1989, la iglesia Nikolai de Leipzig se convirti� en el punto de concentraci�n de peque�as protestas de los ciudadanos de la antigua Rep�blica Democr�tica de Alemania, con ocasi�n de los servicios religiosos que se oficiaban por las tardes. El lunes 25 de septiembre de 1989 tuvo lugar la primera de una serie de manifestaciones, conocidas como Monday Demonstrations, que marcaron el destino de la Alemania del Este. El economista y polit�logo estadounidense Timur Kuran propuso un concepto que nos ayuda a entender la importancia de estas primeras muestras de disidencia: la �falsificaci�n de preferencias�.En un contexto en el que los individuos tienen razones para no expresar abiertamente sus verdaderas preferencias pol�ticas, porque el coste de ser se�alado como un disidente, un desertor o un traidor es muy alto, las personas que no est�n de acuerdo con las l�neas pol�ticas marcadas por la direcci�n del r�gimen o del partido optan por callar. Muchas incluso escenifican un comportamiento contrario a sus verdaderas convicciones. Se genera as� una ilusi�n de cohesi�n ideol�gica. Pero dicha cohesi�n es un gigante con los pies de barro.Si, por las circunstancias hist�ricas que sean -la precariedad econ�mica, la corrupci�n u otras-, alguien pone en entredicho la doctrina oficial, y si se dan las condiciones para que ese gesto de disidencia estimule a otros individuos, las peque�as movilizaciones en la puerta de una iglesia o en una sede local del PSOE pueden enviar una se�al. Pueden indicar que la solidez del r�gimen no es tal, que el nivel de discrepancia real es mayor que el aparente. De esta forma, cada gesto es un nuevo indicio que permite a otros militantes reevaluar el grado de coherencia entre lo que la gente hace y lo que realmente piensa. Se�al tras se�al se produce una cascada de informaci�n que acaba desmoronando la ilusi�n vigente hasta el momento.Lo que sabemos es que estos cambios se gestan poco a poco pero que, una vez reunida una �masa cr�tica� de discrepantes, se produce una reacci�n en cadena que acelera exponencialmente el proceso. Cuantos m�s individuos se sumen al movimiento de disidencia, m�s claro quedar� al resto que el apoyo monol�tico al r�gimen no ten�a una base real en las creencias de otros ciudadanos. Aquellos que s�lo se movilizar�an si otros han dado ya el primer paso descubren que ahora se dan las condiciones para hacerlo. Al mismo tiempo, el propio proceso genera incentivos para que los m�s timoratos se unan tambi�n. Llegado un momento, ser fiel a la antigua direcci�n es una estrategia perdedora en comparaci�n con sumarse al nuevo soplo de cambio. Un buen d�a, los cuadros dirigentes del partido comprueban at�nitos que el apoyo que antes de ayer parec�a monol�tico se ha disuelto como un azucarillo. �Quiere esto decir que el movimiento de la plataforma ReActiva, con una carta firmada por apenas un centenar de personas, puede sacudir los cimientos del PSOE? �No es esto un cuento un tanto ilusorio? No, no es ilusorio, y no s�lo puede suceder sino que, si ciertamente estuvi�ramos ante un escenario de falsificaci�n de preferencias, ser�a pr�cticamente inevitable que sucediera.En primer lugar, me gustar�a aclarar que lo que acabo de resumir no es una especulaci�n te�rica sin base emp�rica. A trav�s de los datos electr�nicos que los individuos dejamos como huellas de nuestro comportamiento en las aplicaciones digitales, los soci�logos hemos comprobado que la difusi�n de ideas y de s�mbolos pol�ticos, entre otros, se produce exactamente siguiendo la l�gica que he explicado: lo llamamos contagio social. �Se dan las condiciones entre la militancia del PSOE para que este tipo de contagio se produzca?Como todo el mundo sabe, los partidos pol�ticos son organizaciones verticales en las que las �rdenes fluyen de arriba abajo. El nivel m�s bajo de esa jerarqu�a son las agrupaciones locales, a cuyas reuniones, juntas o asambleas acuden los militantes an�nimos de a pie. Sin embargo, junto a esa maquinaria, o ese aparato, que el lector puede visualizar como un organigrama relativamente simple, existe otra organizaci�n mucho m�s compleja, mucho m�s dif�cil de visualizar y que, esto es lo m�s relevante, no est� sujeta al control de nadie.El PSOE est� compuesto por aproximadamente 3.000 agrupaciones locales entre las que se reparten m�s de 150.000 militantes afiliados. Estas cifras son sin duda imponentes, pero no tanto como el n�mero de v�nculos que esos militantes tienen entre s�. Cuando digo v�nculos hago referencia a relaciones de amistad que incluyen caf�s, salidas, felicitaciones de cumplea�os, favores personales y un largo etc�tera. Es decir, la vida social de cualquier persona. Si cada militante guardara en la agenda de su tel�fono m�vil s�lo unos pocos contactos de otros militantes con los que mantuviera este tipo de relaciones, la �vida social� del PSOE, paralela a su �vida org�nica�, estar�a tejida por aproximadamente medio mill�n de v�nculos que conectar�an por caminos m�ltiples a todos con todos. Sorprendente, �verdad?Esta red invisible posee propiedades sorprendentes. Se me preguntar� c�mo puedo conocer las caracter�sticas de una red que no se puede ver, y la respuesta es muy sencilla: son las mismas que las de otras tantas redes que los soci�logos hemos estudiados con bastante precisi�n. Muy probablemente uno, dos, quiz� tres tel�fonos son los que hacen falta para poner en contacto a un miembro de ReActiva con cualquier otro simpatizante an�nimo a lo largo y ancho de la geograf�a espa�ola, de Algeciras a Gij�n. Una distancia mucho menor que la que une, a trav�s del organigrama, al secretario general con un afiliado cualquiera. Este es el imprescindible sustrato material sobre el que se producen las cascadas de informaci�n a las que me refer�a antes.Pero volvamos a la pregunta sobre lo ilusorio o no de la posible renuncia del secretario general del PSOE en el plazo de unos pocos meses. Los datos hist�ricos del �xito de las Monday Demonstrations est�n ah�: el 18 de octubre de 1989, apenas 15 d�as despu�s de haber proclamado en el acto de celebraci�n del aniversario del Partido Socialista de Alemania del Este (SED) que la fundaci�n de la Rep�blica Democr�tica Alemana era una necesidad �hist�rica� (un lenguaje parecido al que actualmente escuchamos en nuestro pa�s), Erich Honecker, presidente de la Rep�blica y secretario general del SED, present� su dimisi�n.Francisco Linares Mart�nez es profesor titular del Departamento de Sociolog�a y Antropolog�a de la Universidad de La Laguna