Misantrop�asMucho tienen que cambiar los dos -Espa�a y el PSOE- para que remontemos el vueloPedro S�nchez, presidente del Gobierno.AFPActualizado S�bado,
junio
23:58Audio generado con IACuando cre�amos haberlo visto todo, el sumario del caso Leire ha venido a desmentirlo: no hab�amos visto nada. Sus p�ginas describen acciones que van mucho m�s all� de la simple corrupci�n econ�mica o la adulteraci�n de contratos p�blicos, amargo pan nuestro de cada d�a, para situarse en el inquietante terreno de la obstrucci�n a la Justicia: una parte del Estado, capturada por el partido que gobierna, ha tratado de frenar a otra. Y no a una cualquiera, sino a la que se encarga -jueces, fiscales, polic�as- de velar por el cumplimiento de la ley.Fiel a su estilo, el Gobierno ha respondido como si el sumario no existiera: S�nchez dice compungido no saber nada y el ministro de Hacienda, que se pone con los Presupuestos. Y no es casual que muchos votantes habiten la misma dimensi�n paralela: Televisi�n Espa�ola ofrece un espect�culo orwelliano y los editoriales de la prensa af�n piden explicaciones en lugar de dimisiones o elecciones. S�mense las maniobras defensivas del tertulianismo oficialista y se entender� que al votante de izquierda apenas le llegue un eco lejano de p�rfidas conspiraciones judiciales. �Golpe de Estado! La c�mara de eco funciona: todav�a est� por publicarse la encuesta en la que los socialistas bajen de 100 diputados.Por lo dem�s, nadie puede descartar que la aparente indiferencia con S�nchez ha reaccionado a los �ltimos esc�ndalos obedezca a su confianza en el sistema personalista -Fernando Casal B�rtoa tira de Weber y lo llama �sultanato�- creado durante los �ltimos ocho a�os: �acaso no puede el Tribunal Constitucional decir que aqu� no ha pasado nada? As� funciona el patriotismo de partido que tanto dificulta el progreso de nuestra sociedad: si hasta magistrados y catedr�ticos se pliegan a los designios del puto amo, salir del bucle iliberal y decadentista en el que estamos atrapados se antoja muy dif�cil.Ah� tenemos el deprimente arco narrativo que dibuja la historia reciente: tras el estallido de una burbuja inmobiliaria que desnud� nuestras verg�enzas, la demanda de regeneraci�n democr�tica y el fracaso del proc�s abrieron un horizonte prometedor que ya se ha cerrado; lo que hay es degeneraci�n institucional, corrupci�n sist�mica, privilegios confederales. Y aunque el fin del sanchismo sea deseable, no llevar� demasiado lejos: si el PSOE es el partido que m�s se parece a Espa�a, como dijo Zapatero, Espa�a es el pa�s que m�s se parece al PSOE. Mucho tienen que cambiar los dos -Espa�a y el PSOE- para que remontemos el vuelo.














