Madrid/Bruselas (EFE).- Los países europeos están cada vez más preocupados por su creciente dependencia tecnológica, en especial respecto a las grandes empresas de EE. UU., lo que ha llevado a algunos de ellos a poner en marcha planes específicos, a los que se ha sumado esta semana un paquete legislativo diseñado por la Comisión Europea (CE).

El rápido desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA), con segmentos monopolizados por un puñado de empresas globales, y las perspectivas revolucionarias de tecnologías como la computación cuántica, con implicaciones relevantes en la ciberseguridad, han reactivado el debate sobre la soberanía tecnológica en la Unión Europea (UE).

En Alemania, el Gobierno lanzó en otoño la llamada ‘Agenda de Alta Tecnología’, que está dotada con 18.000 millones de euros hasta 2029.

Esta iniciativa, que apuesta por una estrecha colaboración entre los ámbitos empresarial y científico, se centra en seis segmentos clave: inteligencia artificial, tecnologías cuánticas, microelectrónica, biotecnología, energía y movilidad.

Una de las prioridades es convertir a Alemania en un centro global para la producción de semiconductores. En el sector energético, Berlín aspira a construir la primera central de fusión nuclear del mundo.