Muchas veces se han asociado los avances de la educación con el progreso de la sociedad. Filósofos y educadores sostuvieron desde la Antigüedad esta idea. El progresismo moderno hizo suya esta tesis desde el siglo XIX. Pero en el siglo XX las revoluciones comunistas (en Rusia, China y otros países) pusieron el acento en el cambio de ideologías, del pensamiento burgués a la conciencia social del proletariado. Las ideologías políticas parecían sustentar las guerras y los conflictos durante todo el siglo XX. Pero al mismo tiempo las ciencias sociales comenzaron a destacar los impactos de la revolución industrial, de las innovaciones tecnológicas, de los cambios en las creencias y relaciones sociales. Entretanto, los economistas liberales y los marxistas ortodoxos seguían destacando que “en última instancia” la sociedad depende de los cambios en los procesos y estructuras económicas. Hacia 1960 varios estudios colocan al “factor C”, conocimiento, como determinante del crecimiento económico en los países desarrollados. Se abren camino análisis donde se afirman los impactos de la educación, de las innovaciones tecnológicas, de los medios de comunicación de masas. Se destaca la teoría del “capital humano”.