O Grove es uno de esos lugares que se escuchan. El rumor constante del Atlántico golpeando las rocas, el viento atravesando las dunas, las gaviotas sobrevolando la ría y el sonido lejano de las bateas trabajando sobre el agua. Situada en la entrada de la ría de Arousa, esta península gallega conserva intacta toda su capacidad para emocionar al visitante.
Durante décadas, O Grove ha sido conocido por su marisco, por la isla de A Toxa y por algunas de las playas más populares de Galicia. Sin embargo, basta alejarse unos minutos de las zonas más concurridas para descubrir otro territorio. Uno de arena blanca, calas escondidas, senderos costeros y rocas moldeadas por miles de años de viento y sal.
Ruta de O Con Negro
Muchos viajeros llegan atraídos por la inmensidad de A Lanzada. Y hacen bien. El gran arenal que une visualmente mar y horizonte es uno de los iconos del litoral gallego y forma parte de un espacio natural de enorme valor ecológico. Pero el verdadero carácter de O Grove aparece cuando se continúa hacia el extremo occidental de la península. Allí comienza una costa más áspera y silenciosa. Una sucesión de pequeñas playas, formaciones rocosas y caminos que parecen diseñados para caminar sin prisa.










