Galicia es tierra de agua. Su ubicación entre dos mares —Atlántico y Cantábrico— le otorga un clima acuoso que caracteriza sus entornos naturales. Sus incansables lluvias alimentan ríos y manantiales, que a su vez tiñen de verde toda la región. A ello se suma un relieve irregular y, en muchos casos, abrupto: los afluentes se encuentran constantemente con desniveles, formando incontables saltos de agua y cascadas. Fervenzas las llaman los gallegos. Una de ellas, la Cascada de A Xestosa, es la que nos ocupa hoy.

Esta joya natural está ubicada a tan solo una hora de A Coruña y Lugo, o a una hora y media de Santiago de Compostela. Más específicamente, se encuentra en el municipio de Ourol, en la Mariña Lucense, a unos 20 kilómetros de Viveiro. Para llegar a ella, se debe conducir por la carretera LU-540 —que une Viveiro con Xermade— y tomar el desvío hacia la antigua vía de servicio siguiendo la señalización de «Fervenza».

Aparcar es sencillo: basta con dejar el vehículo en el arcén poco transitado de esta carretera vieja. Ese es el punto de inicio del recorrido, con un acceso habilitado oficial. Se trata de un sendero lineal de apenas un kilómetro entre ida y vuelta, que no tomará más de media hora a quien decida visitarlo.