En un país que se autodefine como el más cristiano del mundo, enfrentarse a su cúpula religiosa es como mínimo temerario. Pero eso es lo que está ocurriendo en Armenia, donde el gobierno de Nikol Pashinián mantiene un enfrentamiento con los principales líderes de la Iglesia Apostólica Armenia, que estos definen como una "persecución". El primer ministro, por su parte, les acusa de conspirar para derrocarle y de movilizar a los creyentes en su contra, mientras casi toda la oposición se ha puesto de parte de los religiosos. Y en este contexto explosivo, el país acudirá a las urnas este domingo para decidir si Pashinián renueva su mandato o sus adversarios logran sacarle del poder. Las implicaciones de estos resultados electorales van mucho más allá de la mera política local. La sociedad armenia continúa atravesada por el trauma de la derrota fulminante en la guerra de Nagorno Karabaj —un territorio de población armenia pero situado en la República de Azerbaiyán por designio soviético, que funcionaba como un estado no reconocido por nadie excepto por Ereván—, que culminó en septiembre de 2023 con una ofensiva relámpago por parte de Azerbaiyán y la huida de decenas de miles de habitantes del Karabaj a Armenia. Y en esta capitulación se encuentra, en gran medida, la clave de todo lo que está sucediendo ahora. La catedral de Echmiadzin. (Grettel Reinoso) En agosto del año pasado, Armenia firmó en la Casa Blanca, bajo la atenta mirada de Donald Trump, un acuerdo de paz con Azerbaiyán. El gobierno armenio admitía así su impotencia para hacer frente a un enemigo más poderoso que, gracias al innovador uso de drones militares y a años de rearme financiados por la bonanza petrolera de Bakú, había logrado imponerse sin esfuerzo en el campo de batalla. El encargado de estampar su firma en ese documento no fue otro que Pashinián, cuyo ejecutivo estaba deseoso de pasar página en este conflicto de más de cuatro décadas de duración y poder enfocarse en su proyecto de modernización de Armenia. Para ello, normalizar relaciones con Azerbaiyán y reabrir la frontera con Turquía —cerrada en los años 90 por solidaridad de Ankara con Bakú— son elementos esenciales. Pero ese acuerdo, que no recogía los derechos de los refugiados del Karabaj ni otras reivindicaciones del nacionalismo armenio, fue visto por una gran parte de la sociedad del país como poco menos que una traición. Por si fuera poco, Azerbaiyán exige que se cambie una parte de la Constitución de Armenia que hace referencia a Nagorno Karabaj como prerrequisito para ratificar el tratado de paz. El gobierno de Pashinián está dispuesto a hacerlo, pero para una reforma constitucional necesita una mayoría parlamentaria de dos tercios, lo que parece muy difícil de lograr. Guerra y paz "No es muy sorprendente que los temas de la guerra y la paz estén a la cabeza de los programas electorales de todos los partidos", escribe Joshua Kucera, analista sénior del International Crisis Group, en un artículo publicado este pasado martes. "El partido Contrato Civil de Pashinián ha colocado en el centro de su campaña el mensaje de que él ha traído la paz a Armenia. Sus oponentes argumentan que ha debilitado al país al ofrecer concesiones inmerecidas a Azerbaiyán", indica. El primer ministro ha reforzado esta idea en los últimos días. "Sí, fui yo quien dijo: ‘Artsaj [el término armenio para Nagorno Karabaj] es Armenia, punto’. Lo dije porque creía en las ideas que nos inculcaron desde la escuela. Pero he seguido un camino honesto, afirmando que no debíamos legar este conflicto a nuestros hijos", dijo Pashinián esta semana en un mítin. "He comprendido que habíamos caído en una trampa. Caímos en una trampa a través de Karabaj. Si continuábamos por ese camino, íbamos a perder Armenia y su soberanía. Encontré la fuerza necesaria; no fue fácil. Sabía que me llamarían traidor, el que entregó las tierras, de todo. Pero hoy me alegro mucho de haber encontrado esa fuerza, de haber alzado la voz, de haber afrontado la verdad y de haber sacado a Armenia de la trampa", afirmó. Desde hace meses, el gobierno repite el mensaje de que si gana alguno de los partidos de la oposición, el regreso a la guerra es inevitable. El monte Ararat visto desde el complejo religioso. (Grettel Reinoso) Es en este terreno donde se produjeron los primeros choques con la iglesia. En 2024, el arzobispo Bagrat Galstanian y otros altos sacerdotes se pusieron al frente de una serie de protestas multitudinarias contra el acuerdo de paz, lo que provocó una airada reacción del gobierno de Pashinián. El año pasado, más de una decena de religiosos fueron detenidos, incluido el arzobispo Bagrat. "Los cargos contra el arzobispo Bagrat son absurdos", dice su abogada, Tatevik Soghoyan, miembro del Centro Armenio para los Derechos Políticos, que se ocupa de defender a algunos de los detenidos por las autoridades armenias por lo que esta ONG considera cargos meramente políticos. "Está acusado de preparar un atentado y tratar de hacerse con el poder, y todas las evidencias contra él se basan en que desde 2024 estaba preparando acciones de desobediencia civil y de protesta" contra la forma en la que Pashinián ha manejado la posguerra inmediata. En el 'Vaticano armenio' Echmiadzín, a media hora en coche de Ereván, es la capital espiritual del país. Este complejo de templos y edificios administrativos de la Iglesia Apostólica Armenia es a menudo apodado "el Vaticano armenio" por su papel como sede central de todo el tejido religioso de la nación y como depositaria de muchos de sus principales tesoros. La Catedral, cuyos primeros cimientos datan del año 303, aloja un pequeño museo que guarda lo que, según sus custodios, son joyas fabricadas con reliquias de apóstoles, un fragmento del Arca de Noé y la Lanza de Longinos, la que atravesó el costado de Jesucristo durante la crucifixión. Allí, las heridas de las acciones de Pashinián supuran más que en otras partes del país. La tensión ha llegado a tal punto que las autoridades religiosas del país están dispuestas a recibir a delegaciones de periodistas extranjeros -entre ellas, una de la que formó parte El Confidencial- y hablar con ellas abiertamente para dar su versión, algo a lo que hasta ahora se habían resistido. "Estamos en el siglo XXI. No esperábamos esto, y menos de nuestro propio gobierno. Son tiempos difíciles", se lamenta el arzobispo Nathan Hovhanissian, sometido a una prohibición de viaje desde hace cuatro meses. "Incluso en tiempos soviéticos, intentábamos tener conversaciones. Siempre hemos sido muy abiertos, hemos estado muy dispuestos a hablar", añade este religioso encargado de la representación de esta iglesia en el Reino Unido durante una década. Las vistas del centro de la ciudad, Gyrmri, Armenia. (Getty Images/Danil Shamkin) El Cathólicos (Patriarca) Karekin II es un hombre de modales afables, que se expresa con lentitud para que su mensaje cale. Pero cuando llega el momento de hablar de lo que perciben como una gran injusticia a manos del gobierno armenio, su voz se endurece. "Estas acciones son totalmente anticonstitucionales y violan las regulaciones sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado", afirma. "La misión de la Iglesia nacional en la educación está establecida en la Constitución para la protección de la identidad nacional, porque la Iglesia Armenia es la iglesia de la nación", indica. El problema, asegura, es que el ejecutivo de Pashinián ha estado recortando el campo de acción del clero en la enseñanza, así como de los capellanes en el ejército y las prisiones, algo que, según la Iglesia, está recogido en las leyes específicas que regulan la actividad religiosa. "La restricción de estos acuerdos se produjo de forma unilateral, sin ninguna consulta con la Iglesia a pesar de que enviamos una carta invitando a mantener conversaciones", señala. Enfrentamiento creciente Pero esta confrontación viene de mucho antes: el gobierno actual acusa a la cúpula de la Iglesia Apostólica Armenia de interferir en la política del país desde poco después de su llegada al poder. "No lo hacemos", dice tajante Karekin. "Los partidos políticos, todos, los componen los hijos de nuestra Iglesia. Y hemos expresado nuestra preocupación ante ciertos asuntos, por ejemplo, cuando la población ha organizado manifestaciones y la policía ha usado porras de madera contra ellos. Eso jamás puede considerarse como inmiscuirse en la vida política", asegura. El malestar de Pashinián con Karekin eclosionó tras la derrota en la guerra del Karabaj, cuando, durante un encuentro entre ambos, este último le dijo al primer ministro que se había convertido en una figura demasiado polarizante y que tal vez debería dimitir y dejar espacio para alguien menos divisivo. "Era un consejo paternal, no una exigencia", dice hoy Karekin. "Él respondió que lo pensaría y tomaría una decisión". Pero la conclusión a la que aparentemente llegó Pashinián es que la Iglesia estaba intentando sacarle del poder, y empezó a actuar en consecuencia. Ahora es el primer ministro quien pide la cabeza del Patriarca, y ha hecho pública su intención de sustituirle de algún modo por una figura más acomodaticia con el Estado. "El asunto está siendo presentado como una petición de la dimisión del Cathólicos, pero sus acciones demuestran que están dirigidas a debilitar y someter a la Iglesia", afirma Karekin. El Patriarca Karekin II en su residencia en Echmiadzín. (Grettel Reinoso) Las últimas semanas han traído una pequeña tregua en este enfrentamiento, pero podría ser algo pasajero. "Vemos que durante la campaña electoral, el partido gobernante de algún modo ha parado la persecución, porque todas las encuestas de opinión pública muestran que pese a estas persecuciones y todas las cosas difamatorias que están difundiendo sobre la iglesia, la posición de esta es fuerte e incluso hay un ligero incremento en su credibilidad y respetabilidad. Así que han decido frenar un poco", afirma Soghoyan. "Pero el partido gobernante, Contrato Civil, ha indicado que seguirán con las reformas de la Iglesia Apostólica Armenia cuando sean reelegidos, y que pedirán al Cathólicos de todos los armenios que se retiren. Así que en general parece que todo se ha calmado, pero han dejado claro que seguirán adelante" si ganan este domingo, comenta. "Estamos convencidos de que a través de la fe de nuestro pueblo y sus acciones de vigilancia superaremos esta situación. Esta represión y persecución de la Iglesia no vienen impuestas por un gobierno extranjero, sino por el nuestro. Esta es la razón por la que estamos seguros de que todas estas cuestiones se resolverán", señala el Patriarca Karekin. Aun así, siete décadas de régimen soviético no pasan en balde, y los mensajes laicizantes —según algunos, incluso anticlericales— del partido de Pashinián son recibidos con simpatía por una porción significativa del electorado de este país. Un balance de fuerzas contrapuestas dentro de la sociedad armenia que este domingo se decantará por uno u otro sentido, para bien o para mal.
Con la iglesia (armenia) hemos topado: el choque que puede definir el futuro del Cáucaso
La tensión ha llegado a tal punto que las autoridades religiosas del país están dispuestas a recibir a delegaciones de periodistas extranjeros y hablar con ellas abiertamente para dar su versión, algo a lo que hasta ahora se habían resistido
















