Para conocer a Nikol Pashinián, cuyo partido Contrato Civil acaba de ganar las elecciones parlamentarias en Armenia, hay que volver a 2018. Ese año esta pequeña exrepública soviética del Cáucaso vivió una revolución contra el líder de entonces, Serge Sargsián, que había sido presidente durante ocho años y pretendía seguir en el poder como primer ministro.El líder de aquella revuelta era un hombre joven, barbado, que se había puesto a caminar por el país para recabar apoyos, vestido con una camiseta militar y una gorra de béisbol. Era un antiguo periodista y plantaba cara a la vieja guardia, la que mantenía un pasado soviético y seguía fiel a Rusia.La Revolución de Terciopelo armenia, como se la dio en llamar, tenía un componente contra Moscú, pero sin los tintes de las revoluciones de las también exrepúblicas soviéticas de Georgia (2003) y Ucrania (2004 y 2014).La pérdida de Nagorno Karabaj condicionó el alejamiento de RusiaPashinián llegó a hablar de apartarse de Rusia, pero eso provocaría más dolor que beneficios. Así que tras negociaciones con los viejos dirigentes y con Moscú, se optó por el camino práctico: fin del viejo régimen, pero manteniendo a Rusia como aliada. Pashinián, que tenía entonces 42 años, se convirtió en el primer ministro. Las elecciones parlamentarias de 2021 le consolidaron en el poder, y eso a pesar de que Armenia había salido derrotada en una nueva guerra con Azerbaiyán de 2020.Pero las buenas relaciones con Moscú se rompieron en septiembre de 2023. Azerbaiyán lanzó una rápida ofensiva militar, recuperó la región de Nagorno Karabaj y expulsó a más de 100.000 armenios. Pashinián criticó a Rusia por no acudir en su ayuda a pesar de mantener tropas de paz en el enclave, de contar con una base militar en Armenia y de que ambos países pertenecen a la misma alianza militar, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC).Luego Pashinián dijo directamente que iba a buscar nuevos aliados. Desde entonces Armenia se ha acercado a Estados Unidos y el año pasado el Parlamento aprobó en una ley la política para dar pasos que permitan la adhesión a la Unión Europea.En las semanas previas a las elecciones, Rusia ha lanzado en tromba todo tipo de presiones. Ha prohibido la importación de productos agroalimentarios de Armenia y ha amenazado con dejar de venderle gas natural barato, mientras el presidente ruso, Vladímir Putin, insiste en que elija entre el acercamiento a Bruselas o la Unión Económica Euroasiática, la organización comercial que lidera Rusia.Pero para Armenia no hay marcha atrás. Perdido Nagorno Karabaj, Armenia ya no tiene nada que temer, ha venido a decir Pashinián en sus declaraciones.Pashinián defiende la “Armenia real” para lograr un futuro con nuevas oportunidadesParalelamente, el primer ministro armenio defiende lo que llama “Armenia real” y que implica aceptar la pérdida de Nagorno Karabaj. “La búsqueda de la Patria ha terminado. Hemos llegado a nuestro destino”, ha dicho recientemente. Y sostiene que hay que firmar la paz con Azerbaiyán, con quien Armenia ha combatido en varias guerras sangrientas desde el fin de la URSS, y normalizar relaciones con Turquía, cuya frontera con Armenia está cerrada desde hace tres décadas.La idea es arriesgada, porque defendiéndola ha perdido popularidad, pero al mismo tiempo valiente. El antiguo periodista cree que eso abrirá nuevas rutas, creará nuevas oportunidades comerciales y acercará Armenia a EE.UU. y a Europa, lo que compensará el alejamiento de Rusia.El 22 de abril de 2018 la policía detuvo a Pashinián, que pasó la noche bajo custodia. La presión de la calle obligó a liberarlo, y un día después Sergsián dimitió. “Yo estaba equivocado, mientras que Nikol Pashinián tenía razón”, aseguró. Así comenzó la revolución pacífica de Pashinián.Corresponsal de La Vanguardia durante más de dos décadas en Moscú. Con anterioridad, escribió para este diario desde Hong Kong y cubrió acontecimientos como el referéndum de independencia de Timor Oriental (1999) o la guerra de Afganistán tras los atentados del 11-S (2001). En la "prehistoria" trabajó en Madrid para la revista Cambio16 y la siempre recordada Jaque, especializada en ajedrez, una de sus grandes pasiones.