Es una de las frutas más populares del final de la primavera, de las que pregona que el verano está a punto de llegar. Sin embargo, el de los nísperos es un sabor poco popular fuera de la propia pieza recogida del árbol. Quizá porque hay pocos productos en los que aparezca para generar recuerdo. Ni rastro de yogures, zumos o mermeladas de esta fruta en los lineales de los principales supermercados. Ni postres que reivindiquen su protagonismo entre mayo y junio en los restaurantes. La manera más popular de comer nísperos es al natural. Hasta ahora.Y es que en la principal cooperativa productora de esta fruta en España, en la localidad alicantina de Callosa d’en Sarrià, acaban de descubrir un nuevo alimento que llegará pronto a nuestra dieta para multiplicar el consumo de fibra y contribuir a que la industria del níspero se suba a la cresta de la ola de la sostenibilidad y la economía circular. Entre otras muchas cosas, para ayudar a desestacionalizar un sector que tiene una temporada corta pero intensa y para tratar de dar un impulso al cultivo de estos frutales. Allí trabaja la científica Inés Carballo (Madrid, 43 años), una bióloga que ha logrado crear un alimento funcional de los brotes de la hoja de este cultivo, que la cooperativa comenzará a producir por primera vez en unas semanas. Entre sus beneficios, un recuento altísimo de polifenoles —con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias— y gran volumen de fibra. Pero, ¿cómo se llega a descubrir un nuevo alimento que hasta ahora no se ha consumido? Esta bióloga marina lo atribuye a sus dos pasiones: la ciencia y su espíritu viajero. En una de esas expediciones por Asia conoció el jarabe de hoja de níspero, muy popular en la medicina tradicional china, donde se emplea para calmar la tos desde hace más de 2.000 años. Años después de ese viaje, cuando se instaló en Guadalest, un pequeño pueblo del interior de Alicante, y comenzó a trabajar para la cooperativa de nísperos del municipio vecino, ató cabos. En la empresa productora y exportadora de este fruto querían diversificar el negocio. E Inés Carballo tenía los conocimientos. Así que en 2024 comenzó a estudiar las propiedades de todas las partes del frutal: el propio níspero, sus hojas y sus flores. Lo hizo de la mano del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y saltó la sorpresa. Los brotes de las hojas, que además son perennes, estaban repletos de antioxidantes. Las flores lo estaban aún más, pero traían un pequeño inconveniente, que son novel food. O lo que es lo mismo, forman parte del grupo de alimentos que nunca se han consumido en la Unión Europea hasta 1997, así que no tienen historial y requieren de un largo proceso regulador y económico para poder salir al mercado. Algo que no sucede con la hoja, que se viene comercializando para infusiones en numerosos países de nuestro entorno. Así que con esta parte del frutal se aligeraba el proceso para llegar al mercado. Pero a través de esas infusiones de hoja de níspero no se conseguía lo fundamental: su fibra. Porque para obtenerla, hay que ingerirla completa. Y ahí es donde Inés Carballo cuadró el círculo, deshidratando los brotes a baja temperatura y convirtiéndolos en polvo. De este modo, se podía consumir su fibra y aprovechar sus propiedades antioxidantes. Así nació Erya —a partir del nombre botánico del níspero Eriobotrya japonica—, un nuevo alimento funcional con ADN alicantino.Con ese polvo, primero, quiso hacer un té matcha de níspero. Al fin y al cabo, las modas suelen ayudar a dar el primer empujón. Pero como la gran cantidad de fibra del polvo de la hoja hacía que la bebida se hinchara y fuera inestable y poco agradable de beber, optó por probarlo como simple polvo, para añadir a yogures, a barritas energéticas o a suplementos alimentarios. Y aunque no nació como superalimento, un término al que últimamente se le atribuyen propiedades casi mágicas, sobre todo a nivel económico, la científica ironiza con la etiqueta. “Si la cúrcuma lo es, esto también”, bromea.¿Y a qué sabe este nuevo ingrediente funcional? “No tiene un sabor invasivo ni tiene gusto a hierba. Es suave, un poco floral. Su aroma recuerda al del proceso de descascarillado de la almendra”, cuenta la bióloga, que en breve arranca la primera campaña para producir este nuevo alimento, ya con registro sanitario propio. “Lo estamos presentando a institutos tecnológicos, a posibles socios colaboradores y a cocineros, para que comiencen a trabajar con nuestras muestras”, explica. Hasta este año, ha formado parte de un proyecto de investigación con tres universidades —la de Murcia, la de Alicante y la de Valencia—, pero ahora volará solo como producto, desde la cooperativa de nísperos Ruchey. “En unos días, cuando acabe la campaña de la fruta y se comience la poda de los frutales, nos quedaremos esos brotes para comenzar nuestra primera producción de polvo”, cuenta Carballo. Para ello, en la fábrica no tendrán que establecer una tarea extra, sino que de esos restos de poda que antes se quemaban o enterraban en la tierra, se separarán los brotes, se lavarán y se deshidratarán en la sala blanca que la cooperativa ya tiene para su nuevo producto. Ahí ha entrado la circularidad que esperan, sirva para dar un impulso a un cultivo que vuelva a hacer atractivo y más rentable el campo. Un modelo que quieren mantener anclado a esa tierra alicantina, para conectar tradición agrícola y desarrollo científico. Un tándem que puede suponer una nueva esperanza para la agricultura de la zona. Quizá el futuro del níspero acabe estando en su hoja.
Así se descubre un nuevo alimento: el polvo de níspero rico en fibra que surgió de un ‘matcha’ fallido
La cooperativa más grande de España de esta fruta, en un pequeño pueblo de Alicante, apuesta por la innovación en las hojas de este producto para impulsar y desestacionalizar su cultivo








