La pen�ltimaPor eso Bad Bunny escondi� su pobreza detr�s de unas refulgentes carillas dentales, por mucho que ahora se arrepientaActualizado Mi�rcoles,
junio
09:40Hoy lanzo a lo gonzo, como un tiro a bocajarro, la premisa de esta columna: a nadie le gustan los feos ni los pobres. Seamos claros. Tampoco a Bad Bunny, ni a Marta Ortega, ni a ti ni a m�. Entendedme. Vivimos en una elipsis social perpetua donde uno dice lo que debe y calla lo que sabe pero no querr�a saber. Palabra de persona amamantada en un barrio obrero con c�rcel, obligada a contemplar la fealdad tras la verja invisible que separa un mundo del otro. Dios no suele ser justo y nuestra supervivencia aqu� radica en parte gracias a ese p�nico hacia la miseria, al rechazo de lo dolorosamente horrendo. Por eso Bad Bunny escondi� su pobreza detr�s de unas refulgentes carillas dentales, por mucho que ahora se arrepienta.Todos andamos hablando de la casita puertorrique�a de Bad Bunny: un atrezo dise�ado para un show de luces de estadio. Se trata de un espacio f�sico que divide el plano entre quienes participan del espect�culo y quienes, adem�s, detr�s de la verja, participan del privilegio, pagando una entrada abusiva para disfrutar durante unas horas del jolgorio latino. Y nadie, ese ente fantasmal (de nuevo), puede negarnos el derecho a ejercer de voyeurs ocasionales contemplando (ojo, a trav�s de una gigantesca pantalla) a una selecci�n de ricos y famosos, encerrados en una c�psula premium, meneando las caderas a ritmo sabros�n. Algunos, exclaman desde el coro griego, aseguran que tambi�n dejan acceder a un peque�o reducto de personas feas y pobres, por si sirve de consuelo, colocadas estrat�gicamente para hacer bulto en tercera fila, como extras de Villaconejos en una producci�n blockbuster hollywoodiense. Gocemos de la vida, amigos, mientras el colapso llega montado en Uber.Porque siempre han existido sobre la tierra verjas que trazan mapas imaginarios, partiendo el mundo en mil trozos. Y uno deber�a encomendarse a alg�n santo antes de aterrizar en esta inmensa superficie para que te toque una porci�n prometedora: a saber, no ser demasiado pobre, tampoco demasiado feo. Y ya que estamos, por qu� no decirlo claramente, podr�amos a�adir una �ltima mala carta: ser latino. Como Bad Bunny, pero del otro lado, de los que limpian casas y ejercen la asistencia social privada sin cotizaci�n, a los que tambi�n les gusta celebrar, bailando salsa en los pubs del barrio que jam�s cruzar�s. Viven apilados en las periferias de las ciudades, porque ya sabemos que de casitas andamos escasos. Pero ellos lo tienen incluso peor que t�. Porque siempre hay otra verja detr�s de la verja.














