Al parecer, hay quien ha descubierto que el machismo y el capitalismo existen gracias a Bad Bunny. Vivían en el desconocimiento hasta que el artista puertorriqueño empezó sus conciertos en España y vimos de cerca qué pasaba con La Casita, ese espacio que imita una construcción tradicional de su isla y en el que desarrolla una parte de su concierto. En La Casita aparecen celebrities, personas ricas y gente guapa. O sea, como en cualquier zona vip o palco pero a la vista de todo el mundo. Esa gente incluye mujeres guapas, sexys, con outfits estupendos producidos para la ocasión, algunas seleccionadas por una especie de ojeador que elige entre el público quién entra al lugar.
En ese sentido, La Casita no es nada distinto del mundo en que vivimos, es el mundo en que vivimos: un espacio al que tienes acceso si tienes dinero o estatus. En el caso de las mujeres, una forma de estatus es el cuerpo y el aspecto. La periodista de El País Luz Sánchez Mellado me recordaba en redes esa canción infantil que dice “al pasar la barca me dijo el barquero las niñas bonitas no pagan dinero”. Las feas, sí. Las 'elegidas' para estar en La Casita han pagado su entrada (una barrera económica nada desdeñable si tenemos en cuenta los precios de venta), pero es otra cosa lo que les da acceso a ese espacio: su ropa, su cara, su cuerpo, su maquillaje. Y es un hombre el que lo decide.










