Aquel día decidí dejar el fútbol. Me refiero al día en el que fallé dos penaltis en un partido.

Aquel era un encuentro entre cadetes de diferentes escuelas. Yo no era el mejor del equipo, no lo era ni de lejos, pero el entrenador –que también era nuestro profesor de Ciencias Naturales– confiaba en mí y me atribuía funciones comprometidas.

Cuando nos concedieron el primer penalti, me señaló con el índice:

–Lo tiras.

No era una decisión sobrevenida, sino más bien consensuada. Habitualmente, los penaltis los tiraba yo. Así había sido en el curso anterior. Y en el anterior al anterior.