Si quieres recibir el boletín Ola Mundial a tu correo electrónico antes puedes pinchar aquí.Poco más de 53 minutos dilapidaron la prometedora carrera de Santiago Fernández (Ciudad de México, 41 años). En casi una hora, la estabilidad mental del delantero, visto como promesa en el Barcelona y en el América, terminó envuelto en la burla nacional por fallar ante la portería de Haití. La historia le sitúa como el protagonista de una historia de terror del fútbol mexicano que, pese a ganar 5-1, no pudo meterse a los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008. Se quedaron a un gol. En realidad, la culpa debió ser colectiva. Pero el suplicio verdadero fue el que vivió Fernández en su mente los siguientes 12 años. Y, cuando creía que lo había superado, los daños colaterales de la pandemia reabrieron la cicatriz. “Es una parte de mí que me va a acompañar siempre. Asumo mi responsabilidad. Lo más triste es que me quedo con el sentimiento de ‘sí, pude haber hecho más”, cuenta a EL PAÍS. “La gente me juzga por los minutos de ese partido. Antes del preolímpico no escuché a nadie que se quejara de mi convocatoria ni que uno dijera que fui de manera injusta. Lo intenté en los primeros 30 minutos del segundo tiempo. Cuando empecé a ver todo esto [las fallas propias y las de sus compañeros], me empezó a dar miedo, vergüenza de estar fallando. Yo ya no la quería agarrar, nunca me había pasado eso”, recuerda. Había entrado al campo al final del primer tiempo. El equipo mexicano ya había tenido malos resultados tras un empate (1-1) con Canadá, una derrota contra Guatemala (1-2), por lo que el conjunto debía golear a la selección de Haití. Fernández falló tres opciones frente a la portería: “En ese momento mi cabeza estaba bloqueada”. El momento cobró un toque de cierto humor macabro cuando el comentarista Christian Martinoli de TV Azteca hizo una narración en la que Fernández fue protagonista. “¿De qué te vas a disfrazar?" o “el único haitiano en el área”, fueron algunos comentarios que se replicaron como un bucle a lo largo de los años. No le guarda rencor. Los videos de ese partido han revivido porque el portero de esa selección, Johnny Placide, jugará la Copa del Mundo y a algunos les ha salido en el Panini.La broma se convirtió en un calvario para Fernández que, pese a no ser el único en fallar frente a Placide, fue el infausto estandarte de esa selección que quedó eliminada. Pocos recuerdan que en esa generación estaba Guillermo Ochoa o que el entrenador era Hugo Sánchez. El exfutbolista recuerda el primer partido de tenis entre Arantxa Sánchez Vicario, la número uno del mundo, y Venus Williams, de 16 años. Venus ganaba y la española pidió tiempo para ir al baño. Se demoró cinco minutos para “tranquilizarse, para repetirse que era la mejor del mundo. El hecho de que Venus esperara en la cancha fue un efecto negativo para la estadounidense. Arantxa regresó y ganó el encuentro. ¿Sabes lo que hubiera dado por ese tiempo en ese partido para decir: ‘Tranquilo, cabrón, respira“.“Me hubiera encantado tener la madurez de ahora en ese momento. Ahora intento llevar esa mentalidad a los niños, para darles anclas de si lo están pasando mal lo único que deben hacer es inhalar profundo y decir: ‘confío en mí, no me rindo, lo voy a lograr’. Es un recordatorio para la cabeza, ‘estás aquí porque sabes hacer las cosas’. Estaba ahí porque sabía hacer mi chamba, pero hay factores que te bloquean la cabeza. Necesitas ese tipo de recordatorio de decir: ‘tranquilo, no pasa nada”, cuenta Fernández. Tras esa experiencia con la selección, regresó a su club, el Toluca. Nunca tuvo apoyo psicológico. “Me arrepiento un poco, pasaron más de 10 años y nunca fui a terapia. En la pandemia tuve tiempo de ver lo que pasó en mi carrera, me puse a escribir mi historia y me dio una ansiedad terrible. Tengo dos hijas y me acuerdo pensar: ‘Un día van a crecer y se van a enterar de todo lo que hay de mí’. Quiero que vean que su papá enfrentó las cosas”, cuenta. Fernández, a los 12 años, se mudó junto a su familia a Canadá donde pudo jugar fútbol y viajar a torneos en Europa. Uno de los visores lo invitó a probarse en el Bayern Múnich y luego en el Ajax. Ambos clubes lo rechazaron debido a que le faltaba “cuerpo y fuerza”. Tuvo otra oportunidad en el NAC Breda de Países Bajos donde pudo tener cierta continuidad, pero su familia le convenció de regresar a México. Se enfiló hacia el América gracias a su apetito goleador. Peleó para escalar en los equipos juveniles hasta que, a los 17 años, le interesó al entonces director técnico Manuel Lapuente. Como adolescente debutó en Primera División, pero el cambio de entrenadores lo hundió. El representante de Rafa Márquez pasó un video de Santi Fernández a la gente del Barcelona y el equipo filial le ofreció un contrato. En las filiales coincidió con Lionel Messi y aún conserva un pequeño recorte de una fotografía de ambos. La mejor foto de su carrera, admite. “Varias veces entrené con el primer equipo del Barcelona, no jugué lo que quería jugar. Estaba compitiendo con cuates que eran muy buenos. Cambiaron al entrenador y el nuevo que entró me dijo que no entraba en planes. ‘¿Ah no? Cancela mi contrato de cuatro años’, le dije. No regresé ni por mis cosas. Yo era muy impaciente, tenía 17 años y quería jugar, sentía que merecía jugar. Eran mejores que yo, pero podía jugar con ellos. No me sentía menos. Tuve compañeros en el América que eran mucho mejores que yo, pero otros que no lo eran. Me daba mucho coraje cuando metían a ese que no era mejor que yo. Sabía que no podía quitar a Cabañas, pero sabía que a otro sí. Eso me frustraba. Estaba en un lugar privilegiado y debía tener paciencia", admite. “El sistema del fútbol mexicano está muy mal pensado. En España cuidan a sus jóvenes. Aquí, puedes ser el mejor de tu categoría y al final te ponen las mismas trabas que a cualquier otro, no te cuidan. Los clubes europeos intentan cuidarte, aunque no todos son Messi. Para casi ningún equipo los jóvenes son prioridad, quizás en Pachuca o Chivas. El mexicano no te deja el negocio que el extranjero porque este trae consigo una transferencia. Me tocó jugar con el Piojo López o Cabañas, extranjeros muy buenos, pero también con muchos que eran peores que yo, cobrando más que yo, teniendo la oportunidad de jugar más. Cuando eres joven, fallas una y no vuelves a jugar", opina. Para el Mundial de este verano, México pone sus expectativas en otro joven de 17 años, Gilberto Mora, quien, de debutar, será el mexicano más joven en una Copa del Mundo. “Se me hace un chavo muy bueno. Tiene mucho potencial, aunque le están poniendo un peso que no le corresponde para la edad, pero poco a poco se lo han ido quitando. Tiene la desventaja de que entra a la selección en un momento difícil porque no atraviesa por su mejor momento y si México no gana termina manchando a todos. De corazón, espero que lo cuiden”, considera. Brasil vivió su Maracanazo en el Mundial de 1950 cuando Uruguay les venció 2-1 en la final, a unos minutos del final. Para la opinión popular, el culpable fue el portero Moacir Barbosa, quien vivió décadas como el responsable del fracaso. No es comparable perder una final de la Copa del Mundo a un torneo clasificatorio, aunque sí la cruz que debieron cargar Barbosa y Fernández, solo que los errores del mexicano aún se pueden mirar en YouTube.