Hay un mensaje que estos días se repite constantemente, mires donde mires: “Los estudiantes se juegan su futuro en la PAU”. Se ha dicho a propósito de la huelga indefinida que mantienen los docentes valencianos, marcando una línea roja para que nada enturbie ese momento crucial en la vida de tantos estudiantes. Y no, no diré que no sea importante la prueba de acceso a ese campus universitario donde aspiras pasar tus próximos años, que lo es, pero me pregunto si es adecuado repetirles como un mantra que “todo su futuro” depende de esos exámenes, porque entonces cuanto estamos trasladando a esa chica que quiere ser médico o biotecnóloga o a ese joven que aspira a estudiar Historia del Arte es que o te sale bien o te vas a la mierda. Así, sin ambages.

No debería ser ese el claim de un grupo de exámenes que exaspera a padres, madres, abuelos... y que condiciona la vida social y académica de una persona durante todo un curso. Dos, incluso. El resultado importa, sacar buena nota también importa, pero EL FUTURO, así en mayúsculas, no solo depende de si en Matemáticas no la cagas. Y sé de lo que hablo.

Alumnos valencianos en la prueba de acceso a la Universidad de 2026

Si un día te sientas a escuchar a los mejores emprendedores, siempre te cuentan como de los fracasos sacaron grandes enseñanzas. Cómo aquel negocio que les salió mal acabó siendo el espaldarazo que les hacía falta, la lección que nadie les había enseñado para salir adelante. Y cómo de ese error pudieron crecer más fuertes. Pero vivimos en una sociedad marcada por el todo o la nada. O marcas ese gol, o no eres nadie. O apruebas esa PAU con nota u olvídate de todo. No quisiera vivir yo en una final de la Champions League con el delantero tratando de marcarme ese último penalti...