No elige al azar ni el tono de la voz, ni la postura en la que se sienta, ni el movimiento de las manos, ni las palabras. Pilar Sardà nació hace 53 años en un pueblo de Castellón, Segorbe, pero ha vivido siempre en otro barcelonés, Cerdanyola del Vallés. Estudió Derecho y fue abogada —una década, sobre todo de temas de familia—, pero la muerte de su hermano le “giró el mundo” y la llevó a estudiar Arte Dramático en 2007. Fue ahí donde nació esta tercera vida profesional por la que se sienta para esta entrevista: es desde hace ya más de una década consultora en comunicación pragmática y oratoria procesal.Sardà está en uno de los sofás del patio central de la sede de la Fiscalía General del Estado, en Madrid, a mediados de mayo. Lo hace un día después de haber impartido junto a Nevenka Fernández una de las clases del programa Abordaje integral del testimonio de las víctimas vulnerables, organizado por el Ministerio Público. Aunque suena todo muy técnico su trabajo es, precisamente, que no lo sea. Aquel día, junto a Fernández —la primera mujer que ganó un juicio en España contra un político por acoso sexual y laboral—, explicó a medio centenar de fiscales y jueces, por ejemplo, por qué “no se le puede decir a una víctima que tiene todo el tiempo del mundo mientras una misma se mira el reloj”.Pregunta. ¿Cuándo se dio cuenta de que había que explicar este tipo de cuestiones?Respuesta. Cuando estaba formándome como actriz vi que nos enseñan cosas maravillosas para el ejercicio profesional. Yo estudié en una promoción [de Derecho] donde no hice ni un examen oral, cero formación en comunicación, y los que empezamos a ejercer lo pasamos fatal. ¿Cómo es posible que no nos enseñen lo que necesitamos para nuestro día a día? A partir de ahí empecé a formarme. Desarrollé un programa para ayudar a abogados que tenían miedo escénico al afrontar un juicio; luego otros con compañeros; empecé a dar clases en el Colegio de Abogados de Barcelona, en el Máster de la Abogacía, en otros colegios profesionales y llevo ya unos cinco años con la Fiscalía. P. Usted insiste en el lenguaje que se usa con las víctimas durante los procesos judiciales. R. Hay poco esfuerzo por llevarlo a un lenguaje más llano. Y no solo se puede, sino que se debe hacer. Es una de las grandes luchas: “Por favor, hablemos normal”. Podemos explicar lo mismo de forma más coloquial sin perder rigor, que es lo que piensan muchos profesionales, que alejarse de la terminología jurídica es no ser rigurosos. Pero lo que está sucediendo en realidad es que no están haciendo bien su trabajo. En general, el trato a las víctimas que se está dando por muchos profesionales no es el más adecuado, y es porque tenemos cero formación en oratoria procesal y todo el mundo actúa por instinto o bajo los propios sesgos de confirmación o de credibilidad. P. ¿Puede poner un ejemplo?R. Todos pensamos que una persona, cuando te dice la verdad, te mira los ojos y te habla con voz firme y convencida. Pero una víctima especialmente vulnerable, como son las víctimas de violencia machista o sexual, probablemente no puede mirar a los ojos ni sostener una mirada a una persona que la está interrogando porque muchas veces esa mirada es invalidante. ¿A alguien le parece amable que otra persona le diga “me estás diciendo la verdad”? Cuando eso pasa, ese contacto visual no es amable, es inquisitivo, y muy difícil de sostener cuando tú estás intentando batallar con la emoción y el recuerdo. P. Justo con el recuerdo de estas víctimas suelen aparecer también sesgos.R. Porque también todos pensamos que cuando algo es verdad hay un recuerdo lineal y cronológico de los hechos, y no es así. Hay que entender que las víctimas a veces no van a recordar o no de forma completa porque el recuerdo es fragmentado, no es un vídeo donde tú rebobinas, das al play y reconstruyes la película. Es más bien un puzzle donde a veces encuentras unas piezas y a veces otras, y cuando pasan horas, días, meses o años, puedes seguir encontrando otras. Por eso a veces hay contradicciones y no explican lo mismo siempre ni de la misma manera; y por eso hay quien piensa que se lo inventan para rellenar los huecos que faltan. Creer eso es no entender las circunstancias de estas personas. P. ¿Cuáles son? R. Imagine que ha sufrido una violación, que ha dado el paso de denunciar, que ha llegado a un juicio que es un entorno completamente nuevo, y se le exige que explique su relato de forma ordenada, lineal, cronológica, elocuente, en un grado máximo de detalle y en un contexto absolutamente hostil como es un juzgado. Y todo eso cuando tú estás luchando internamente precisamente contra ese recuerdo porque tu cuerpo y tu mente lo que quieren es expulsarlo.P. Ha dicho “hostil”, en referencia a los juzgados.R. Para las víctimas, sí. Muchas veces los profesionales de la justicia no somos conscientes del impacto brutal que tiene el ambiente. Y yo entiendo que fiscales y jueces necesitan un grado de detalle especial, concreto, que seas muy precisa. Pero las personas no somos precisas cuando estamos sometidas a un estrés tan grande, porque los procesos judiciales suponen un estrés tremendo para una víctima que ya está atravesando un momento psicológico, físico y emocional delicadísimo a veces.P. ¿Cómo acercarse a una persona en esas condiciones?R. Antes de empezar a preguntar es importante ser capaces de generar un contexto de calma y de tranquilidad. No meter prisa, no entrar a lo bestia preguntando. Después, si lo haces de forma muy inquisitiva o haciendo movimientos muy bruscos o diciendo “tómese su tiempo, no pasa nada” y a la vez estás moviendo papeles, mirando el reloj, el móvil, el ordenador, lo que percibe esa persona es que no tienes ningún interés en escucharla, que no la vas a entender y que no está en un entorno de seguridad para expresarse.P. ¿Se puede revertir esa situación? R. Sí. Esté como esté la persona, tú tienes que mostrarte tranquila, relajada, atenta, con una postura abierta, que cuando tú le estás diciendo “tómese su tiempo” sea verdad, que haya un tono de voz amable, y una mirada amable, aunque sea por estrategia.P. ¿Por estrategia?R. A veces cuando le hablas de esto a policías, a peritos, a fiscales o a abogados colapsan un poco. Yo les digo: “Vamos a mirarlo así: ¿vosotros qué necesitáis de una víctima? Que se expresen, y que lo hagan con la máxima claridad y el máximo detalle. ¿Qué podéis hacer para facilitar eso? Dar tiempo, un entorno seguro, calma, atención y un trato adecuado. Sin embargo, sin generalizar, pero pasa mucho, se enfoca desde el “dímelo, dímelo, dímelo”, y desde la creencia de que cuanta más hostilidad y presión, más se va a abrir la persona. Y sobre todo con una víctima especialmente vulnerable, bajo presión solo hay bloqueo, querer acabar lo antes posible. P. ¿Y para la cuestión de los espacios hay pautas?R. De entrada, las disposiciones en la sala no ayudan demasiado porque hay mucha distancia física. Es difícil hablar de algo tan íntimo y tan dañino a una persona que está a muchos metros o en un estrado. Cuando nos estamos abriendo en algo tan doloroso, necesitamos un poco de cercanía. No invasión, pero sí cercanía.P. ¿Cuál sería una distancia y una posición adecuada?R. Esta que tenemos [hay más o menos un metro, con una disposición en L], porque nos permite mirarnos y tener el cuerpo hacia la otra, pero si yo tengo que evocar un recuerdo doloroso me permite evadir mi mirada y mi postura de ti. Y los movimientos, calmados y tranquilos. ¿Las manos? Visibles. Y sobre todo tiene que mostrarse la escucha activa, de la que todo el mundo habla y a veces no se sabe lo que es.P. Explíquela.R. No es solo escuchar y entender atentamente, es que esa persona sea consciente de que esa información te está llegando y que la estás entendiendo. Por ejemplo, no hay que pisarse al hablar y no hay que encadenar inmediatamente una pregunta después de una respuesta, porque si en cuanto tú acabas yo ya estoy hablando, quiere decir que cuando tú estabas hablando yo estaba pensando en lo que te iba a preguntar. La percepción es que tú no has procesado lo que yo te acabo de decir. P. Todo esto es técnica, se puede aprender. R. Se puede y se debe, ¿pero cuándo funciona? Cuando el interés es legítimo y cuando realmente tienes la empatía suficiente. Lo que es absurdo es actuar desde el instinto de cada uno o desde la perspectiva de cada uno de cómo hacer este trabajo tan delicado. Porque es un trabajo muy delicado, que marca muchísimo, y que puede traumatizar mucho a las personas. Y aunque ya solo fuera por un tema de eficacia, aprender a tratar con las víctimas les saldría mucho mejor. Pero la cuestión real, la de fondo, es que no hay justicia si no hay humanización de la Justicia.