María del Pilar Álvarez Menéndez habla sin miedo de una sociedad que considera deteriorada y de una justicia incapaz de ser la herramienta para recuperarla. Nacida en Las Palmas de Gran Canaria hace 57 años y criada en Tenerife, admite que es más feliz como escritora que como fiscal, cargo que ejerce en Huelva desde hace dos de sus tres décadas de carrera, primero en seguridad vial y ahora en medio ambiente. Afronta estos días los juicios por extracciones ilegales de agua en el entorno de Doñana, para los que, en algunos casos, han tardado años los informes del daño medioambiental, y ha visto cómo la provincia donde ha formado su familia ardió en mayo con una anticipación y virulencia sin precedentes. Pero ella, que refleja en poemas lo que no puede expresar como integrante del sistema judicial, afirma que las llamas están en la sociedad, que sufre una “violencia estructural” frente a la que el derecho penal poco resuelve.Aunque ha escrito en publicaciones sobre derecho —es coautora de El nuevo sistema de valoración del daño personal (Comares 2017) —, donde derrama sus sentimientos es en la “poesía humanista”, como define sus creaciones. De esa vocación nacida en la adolescencia surgió SEIJAKU, calma en el caos (Blurb 2022), y Justo al otro lado del miedo (Olé 2023). Con la misma editorial acaba de publicar Frágil, fuerte y vulnerable, un título que admite que la define. Pregunta. ¿Cómo se hizo escritora?Respuesta. Ya escribía poesía en mi adolescencia, pero luego, por eso de querer ser importante, lo dejé y me hice fiscal, la justicia ha sido un referente en mi vida. A raíz de un accidente personal volví a esa niña, a esa poesía que tiene más posibilidades de cambiar este mundo de locos en el que todos vivimos que el derecho penal. Soy mucho más feliz como escritora.P. ¿Está decepcionada con el derecho penal?R. Necesita una revisión de arriba abajo. Ahora ha surgido la figura de la mediación que me gusta. Pero es un derecho decimonónico que no responde a la realidad y no rehabilita. Se buscaron soluciones nuevas con los trabajos en beneficio de la comunidad. Es una pena que funcione muy bien en otros países, pero aquí, como pena principal, está dando muchos problemas. Estamos muy lejos de lograr el ideal de justicia. La sociedad está muy polarizada, muy crispada, nos paramos muy poco a escuchar, a escucharnos. Hemos aparcado el espíritu de la Transición en alguna cuneta. Con el derecho penal, desde mi punto de vista, cada vez es más difícil abordar los asuntos complejos. Las reformas que se han hecho estarían bien si hubiera medios. Hay una exacerbación de las penas para el delincuente pobre y los grandes delincuentes se benefician de las carencias del sistema. Hay muchos asuntos, más de 1.000 por juzgado en una capital, y escasos medios.El derecho penal es decimonónico y no responde a la realidad ni rehabilita. Estamos muy lejos de lograr el ideal de justiciaP. ¿Se arrepiente de ser fiscal?R. Soy una persona muy sensible y todo me afecta mucho. Si pudiera volver 30 años atrás, probablemente, elegiría otro trabajo. Es una labor compleja en la que el drama humano está muy presente.P. ¿Por qué ardió Huelva en mayo?R. Llevábamos años con una sequía severa y este año ha llovido muchísimo. Eso es bueno, pero genera mucho pasto, que es un combustible tremendo. El calor y el viento forman un binomio muy peligroso para los incendios. Los fuegos recientes parecen ser, por los datos preliminares, fortuitos o por negligencia, no intencionados. Los fuegos recientes parecen ser, por los datos preliminares, fortuitos o por negligencia, no intencionadosP. ¿Puede haber alguna relación de los fuegos con el narcotráfico?R. No se puede entrar en esas hipótesis sin pruebas, en especial ahora, que hay mucha sensibilidad con los sucesos recientes [dos guardias civiles fallecidos y dos heridos al chocar en la persecución de una narcolancha y un tiroteo posterior]. Ahora mismo no tenemos ninguna base y plantear esa hipótesis genera un miedo innecesario.P. ¿Y el incendio de Doñana?R. Se está investigando. Cuando se declaró surgieron voces conspiranoicas, pero los informes preliminares apuntan que no hay datos para decir que este o los otros hayan sido intencionados. Se baraja que ha sido accidental o imprudente.P. En Lucena del Puerto, a las puertas de Doñana, hay acumulaciones de basura en asentamientos. ¿Es un peligro? R. Es una bomba de relojería. Ha habido denuncias por riesgo de incendio, pero es principalmente un problema social que debe abordarse desde ese ámbito. Es verdad que desborda a los propios ayuntamientos. Pero la solución no puede venir del derecho penal. Me erosiona que se recurra a este cuando no funciona el ámbito administrativo. El derecho penal debe ser el último recurso y actúa siempre una vez cometido el delito, por mucho que las penas tengan como fin, entre otros, evitar que estos se sigan cometiendo; pero sin delito no hay derecho penal. No podemos actuar a prevención, no es nuestra función, para eso existen otros recursos. Relacionado con esto quisiera destacar la proliferación de construcciones ilegales en la provincia, los delitos contra la ordenación del territorio.P. De los grandes proyectos mineros, dos verterán en el Guadalquivir en Sevilla, pero afectarán a Huelva, a la margen de Doñana.R. Debemos confiar en las administraciones, en que hacen su trabajo y que los estudios de impacto ambiental son correctos. Es la dicotomía entre el desarrollo económico y el bienestar y el planeta. ¿Dónde están los límites, dónde está el equilibrio? Las propias ciudades son un entorno agresivo: hay demasiado hormigón, demasiado asfalto, y lo hemos normalizado. Deberíamos todos repensarnos un poco esta sociedad que tenemos: esa prisa por llegar a todo, esa hiperexigencia. La situación en Lucena del Puerto es una bomba de relojeríaP. Escribió que quería dibujarse con trazos finos para no emborronarse. ¿Lo ha conseguido?R. Sí. Ahora estoy más feliz con el dibujo que va quedando.P. ¿Se define como frágil, fuerte y vulnerable, el título de su último poemario?R. Sí. Todos somos frágiles por naturaleza y, cuando somos capaces de mirar de frente esa fragilidad, conseguimos sacar la fortaleza interior, no la exterior impostada de las corazas que nos ponemos. Si todos nos atreviéramos a reconocernos frágiles, la sociedad iría muchísimo mejor.No nos enseñan a gestionar emociones, sino a hiperproducir y a competir. La vida es otra cosa y llegas al final sin haberla vividoP. ¿Y ha conseguido vivir en ese otro lado del miedo?R. El miedo nos ayuda a sobrevivir. Tenemos que aprender a mirarlo a los ojos y hacer las cosas a pesar del miedo. No hay que decir que no a las cosas que cuestan porque al final son las mejores. Detrás del miedo está todo aquello que nos importa. Pensamos que la vida es llegar a una maravillosa autopista recta sin curvas y sin tráfico donde uno viva en paz, pero al final te das cuenta de que la vida es un camino de cabras lleno de curvas y baches, y que hay que aprender a transitarlo. P. También se lamenta de ver tanta gente enfadada.R. Además de esa polarización que estamos viviendo y que es nefasta, no nos enseñan a gestionar emociones, sino a producir, a hiperproducir y a competir. La vida es otra cosa y llegas al final sin haberla vivido. Camuflamos la tristeza o el cansancio con enfado y eso afecta al día a día. La verdadera felicidad no está en tener un coche y un chalé en la playa. No tiene nada que ver con las cosas, tiene que ver con ese equilibrio, con estar en paz con uno mismo. ¿Cómo podemos pedirle a la gente que esté en paz con el vecino si no está en paz consigo misma?