Paula Padilla Argelich |
Barcelona (EFE).- Karla tardó casi diecisiete años en sentirse capaz de denunciar al hombre que la agredió sexualmente durante más de un año cuando ella tenía trece, pero en 2021, tras una instrucción donde recuperó una fuerza que creía haber perdido, el acusado se suicidó y la dejó sin una sentencia que, asegura, “habría sido reparadora”.
“Por un lado me quedé tranquila al pensar que nunca más haría daño a nadie, pero por el otro, después de meses en los que cada pequeño paso me había ido empoderando, me quedé con las ganas de hacer este juicio porque una sentencia habría sido reparadora para mí”, explica a EFE Karla, que ha decidido hacer público su caso con la esperanza de cerrar un proceso de reparación que quedó truncado y de ayudar a otras víctimas con su testimonio.
Entre marzo de 2003 y septiembre de 2004, Joan P., médico y amigo íntimo de la familia de Karla, la agredió sexualmente en numerosas ocasiones como parte de una supuesta terapia con la que pretendía reconducir su “rebeldía” adolescente, hechos por los que fue procesado -después de que en enero de 2020 Karla denunciase, sin saberlo, poco antes de que prescribieran- como presunto autor de delitos de violación a una menor, vejación injusta y tortura.








