Actualizado Martes,
junio
00:01En marzo el Maligno paseaba por Roma, pero el romano, que ha visto tantas cosas, desde emperadores dementes, papas golfos y saqueos de b�rbaros, no es dado a escandalizarse por nada. El magnate tecnol�gico Peter Thiel, representante de la derecha libertaria y principal valedor de Donald Trump antes de que sus compa�eros tecnobros se plegaran ante �l como conversos entusiastas en su regreso a la Casa Blanca, dio en la capital italiana una conferencia de acceso muy exclusivo en la que habl� del Anticristo como met�fora para describir las pol�ticas medioambientales, la burocracia y las iniciativas que pretenden regular el desarrollo tecnol�gico. Luego Thiel acudi� a escuchar una misa en lat�n en la Bas�lica de San Juan de los Florentinos.En realidad, todo esta performance no era m�s que un desaf�o al Papa Le�n XIV en su propia casa. Una muestra del poder del fundador de Palantir, empresa que representa mejor que ninguna las contradicciones de Silicon Valley. Un d�a defiende la filosof�a libertaria y al otro se infla infiltr�ndose en agencias gubernamentales y de seguridad nacional de EEUU. No quieren cerca al Estado, salvo para hacer negocios con �l.La semana pasada Le�n XIV respondi� con su primera enc�clica, Magnifica humanitas, un texto de 39.000 palabras cuidadosamente redactadas en el que trata todos los asuntos que detesta Thiel. En ella el Papa denunci� la �cultura de poder� que impulsa la IA y lanz� la advertencia para que sea sujeta a restricciones �ticas �rigurosas�, dada su influencia en todos los �mbitos, desde la industria b�lica hasta la revoluci�n del trabajo.Este debate tecnol�gico no le pilla por sorpresa al Vaticano. Lleva una d�cada prepar�ndose para la guerra cultural de la IA en su cuartel general de la innovaci�n: la Casina P�o IV, una villa del siglo XVI que es sede de las Pontificias Academias de Ciencias y de Ciencias Sociales. En su interior, representantes de la Iglesia se han reunido con directivos de Microsoft, Google y, entre otros, Meta junto a decenas de pensadores y expertos para tratar el tema de la IA.Por eso tiene tanta importancia la puesta en escena del pasado lunes. Tanto por el boato -con la sorprendente y anunciada presencia del Pont�fice en el acto- como por el apoyo de sus aliados, alguno tan relevante como Christopher Olah, el directivo de Anthropic, representante del ala m�s moderada de las empresas punteras en este campo. Era una demostraci�n m�s de que el Papa entra de lleno en el juego de tronos de la IA. Su futura gobernanza quiere ser liderada por alguno de estos bandos antag�nicos. Uno puede ser representado por el papista Anthropic, que prioriza la seguridad y los l�mites legales; otro por OpenAI, que apuesta por el despliegue acelerado de la mano del Estado, y el m�s radical es el encarnado por Thiel y su negativa a que la tecnolog�a tenga alg�n freno.Para saber m�sPor el momento, el Papa ha conseguido ponerse en el foco de la IA de una manera que no hab�a conseguido antes ning�n pol�tico, salvo Trump. Hay expertos en tecnolog�a que creen que ha ido m�s lejos de lo esperado, que ha sido muy valiente dando la importancia que merece a la revoluci�n de nuestro tiempo, mientras que otros son m�s cr�ticos, ya que consideran que su visi�n, dado el listado de amenazas nacidas de la IA que describe en la enc�clica, resulta m�s pesimista que esperanzadora respecto al futuro.La gran pregunta es si realmente el Papa tiene alg�n poder para hacer cambiar de opini�n a Silicon Valley y presionar a los pol�ticos en su direcci�n. Esto hace recordar a la contestaci�n que dio Stalin cuando se le advirti� de la influencia pol�tica del pont�fice P�o XI. ��Cuantas divisiones tiene el Vaticano?�, dijo el sovi�tico zanjando el debate. Puede que Stalin tuviera raz�n y que los analistas tiendan a sobrevalorar la influencia de las opiniones del Papa, si bien no conviene olvidar su impacto moral.Basta echar n�meros para ver una correlaci�n de fuerzas. En el mundo, TikTok supera los 1.000 millones de usuarios, ChatGPT cuenta con 900 millones y el X de Elon Musk ronda los 660. Ninguna de estas plataformas puede competir con el l�der espiritual de 1.400 millones de cat�licos. No se sabe cu�nto, pero s� que la opini�n de la Iglesia importa, ya que cuenta con un altavoz en cada pueblo del mundo que, si tiene un buen domingo en el p�lpito, puede ser m�s persuasivo que el algoritmo.










