Barcelona ha publicado los datos de su censo en fecha 1 de enero de 2026. Los barceloneses somos, en número, los que éramos: 1.700.000 habitantes. Físicamente, la ciudad da para lo que da. No cabemos literalmente muchos más. Así que es normal que la cifra se mantenga más o menos estable con fluctuaciones irrisorias hacia arriba o hacia abajo. Cosa distinta es quiénes son los barceloneses hoy en día. Y en este punto es necesario subrayar que sigue acentuándose la transformación radical y acelerada de su población. Los motivos son variados. Algunos compartidos con otras realidades -el invierno demográfico o la crisis de la vivienda- y otros más específicos (una ciudad pequeña, en comparación con otras urbes de perfil cosmopolita, con una gran presión migratoria). En el terreno de lo común, destaca el continuado derrumbe de la natalidad. Barcelona es una ciudad en la que apenas nacen ya niños. En 2025 llegaron al mundo 11.000 barceloneses. Es la cifra más baja desde el año 1909, si excluimos de la serie 1939 y las peculiaridades del último año de guerra civil. La ciudad alimenta y repone su censo sólo con ciudadanos llegados de fuera, pues el crecimiento natural es negativo en 3.500 personas. A ello hay que sumar las 70.000 personas que se marcharon de la ciudad en 2025, muchos de ellos jóvenes barceloneses. Un éxodo superior al de la pandemia. La ciudad envejece a un ritmo vertiginoso. Entre los indígenas, la tercera edad es mayoritaria. Los menores de 16 años son únicamente el 11,7% del total, cifra que sigue a la baja. Mientras que los mayores de 65 superan el 21% y los que han rebasado la cifra de las 84 primaveras es del 18,6%. Las otras franjas de edad son las que mayormente se renuevan por la llegada de ciudadanos de fuera que deciden instalarse aquí. La fotografía que revela una ciudad que expulsa progresivamente a sus vecinos de siempre hacia la primera o segunda corona metropolitana, pero que aun así consigue mantener su pulso poblacional se completa con el número de extranjeros que viven en ella actualmente. Quedan en Barcelona 780.000 indígenas locales, un 44% del total. El número de nacidos fuera de España está casi a la par (627.000, casi un 37%), de los cuales 528.000 lo han hecho fuera de las fronteras de la UE, aunque de estos el 30% cuenta ya con nacionalidad española. El resto lo conforman nacidos en Catalunya (117.000 habitantes, una cifra estable a lo largo de los años) y los que llegaron al mundo en el resto de España. Estos últimos en clara línea descendente (222.000 en 2025 contra 426.000 en 1997). Para rematar: un tercio de los hogares está formado por una sola persona, mayormente mujeres mayores (la brecha de género de la viudedad, que en este caso las favorece). Todas estas tendencias son firmes, sólidas y van a mantenerse. Dibujan una revolución demográfica que se desarrolla a cámara rápida. En la línea de las grandes urbes del mundo, pero con una presión y aceleración mayor por su reducido tamaño, Barcelona se está desgajando del resto de Catalunya. Un archipiélago de islas-barrio con perfiles cada vez más marcados. Sin ánimo de exhaustividad: barrios como Poblenou, en los que abundan los comercios en los que únicamente se atiende en inglés porque son legión los inmigrantes llamados "expats" y "nómadas digitales". Barrios como el Raval, Sants o Nou Barris, Poble-Sec, con una gran presión inmigratoria de menor poder adquisitivo, zonas mixtas como los Eixample o Gràcia, en los que predomina la población local envejecida junto a los expats; y las zonas más pudientes en renta per cápita en las que sigue predominando el lugareño de clase media real o alta (Sarrià Sant Gervasi, Pedralbes). Todo en una ciudad percibida como grande, pero que reducida a la realidad de sus límites administrativos es densa y pequeña. Un ejemplo personal para entender la urbe que está amaneciendo. En una librería céntrica de Barcelona, con un espacioso patio para tomar café al aire libre, fui impelido hace unos días a solicitar mi consumición en inglés. El problema no era entre el catalán o el castellano. Tras un equívoco se me señaló la pizarra en la pared en la que figuraba la oferta del local, en inglés, y se me explicitó que para ser prácticos mejor en esa lengua. Una anécdota que refleja una tendencia creciente. La ciudad, no ya como un lugar con una identidad y costumbres propias, sino como una amalgama de gentes, unas al lado de las otras pero de espaldas y sin compartir los códigos comunes más básicos. Naturalmente, estas dinámicas, que van a persistir en el futuro, van a tener consecuencias políticas. Obligan, por descontado, a reformular la oferta dos partidos, teniendo en cuenta las variables del nuevo censo. Tanto en lo que refiere a integrantes de las listas, como en la oferta electoral que acaben exponiendo. Pero más allá de este elemento de carácter práctico, también va a tener consecuencias en el terreno de la articulación territorial y, en una comunidad como la catalana, en el eje identitario. Cataluña va a quedarse sin capital. Si por ello entendemos el lugar físico en el que, de un modo u otro, se articulan y galvanizan los intereses de una comunidad entera. Barcelona camina hacia su absoluta singularización respecto al resto del territorio de la comunidad autónoma. No en los términos en los que siempre ha sido así -tamaño, actividad económica, concentración del poder político- sino en algo de mucho más alcance. Van a desaparecer la mayoría de los códigos compartidos entre los habitantes de uno y otro lugar. Nada distinto de lo que ya ha sucedido en otras ciudades del mundo como Londres o París, sin ir más lejos. Pero una cosa es verlo en casa ajena y otra muy distinta verlo en tu propia ciudad. Barcelona camina hacia su independencia. Y más que lo hará en el futuro. Los niños no existen, los jóvenes se van cuando llega el momento de armar sus proyectos de vida a lugares donde resulte más fácil y asequible. Los más afortunados seguiremos sumando años hasta que nos llegue el turno. El signo de los tiempos: ciudades que caminan solas. El desgaje. Barcelona ha publicado los datos de su censo en fecha 1 de enero de 2026. Los barceloneses somos, en número, los que éramos: 1.700.000 habitantes. Físicamente, la ciudad da para lo que da. No cabemos literalmente muchos más. Así que es normal que la cifra se mantenga más o menos estable con fluctuaciones irrisorias hacia arriba o hacia abajo.
Barcelona ya no es la capital de Cataluña
¿Un titular para pescar clics? No, no del todo
Barcelona: 11.000 nacimientos en 2025 (mínimo desde 1909), 70.000 jóvenes emigran anualmente, extranjeros alcanzan 37%. Talent drain crítico para startups tech locales. La ciudad pierde atractivo como hub regional mientras se fragmenta en barrios aislados, impactando decisiones de localización de talento joven.













