La saturación de Barcelona centrifuga la población hacia municipios donde los servicios públicos crecen a un ritmo inferior

Sin apenas espacio en Barcelona y con el precio de la vivienda disparado también en el área metropolitana, los flujos demográficos en Cataluña se han dirigido en la última década hacia las ciudades medianas. Pero sin poder garantizar un aumento de los recursos al mismo ritmo que la llegada de los nuevos vecin...

os, algunos ayuntamientos emiten señales de alarma: vivienda escasa, aulas con demasiados alumnos o una alta demanda de los servicios sociales son algunos ejemplos repetidos. “Llegar a 50.000 habitantes no es un éxito”, lamentan desde el ayuntamiento de Figueres (Alt Empordà). Sin ser uno de los municipios que más han crecido, nota la tensión de los servicios públicos. “El crecimiento sostenido puede llegar a ser inasumible si no se dispone de los recursos suficientes para garantizar el bienestar y los servicios públicos de calidad”, recuerda el alcalde, Jordi Masquef (Junts), a través de una nota, días después de superar la barrera de los 50.000.

Los datos del Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat) ilustran una diferencia notable entre el crecimiento de los municipios de más de 30.000 habitantes y Barcelona. En la última década, por ejemplo, Calafell (Baix Penedès) ha aumentado más de un 32% su población, Vic (Osona) roza el 20%; y Sant Cugat (Vallès Occidental), el 12%, por encima de la media catalana, que se sitúa en torno al 9%. En cambio, Barcelona apenas ha aumentado un 5,8% en el mismo periodo, un patrón que se repite en buena parte de los municipios del área metropolitana. No parece un caso aislado. Según las previsiones del Idescat a diez años vista, la capital catalana estará a la cola en el crecimiento poblacional de las principales poblaciones catalanas.