El pasado 1 de mayo, El Vaticano anunci� el nombramiento de Evelio Menj�var Ayala, hasta entonces obispo auxiliar en Washington DC, como obispo de la di�cesis de Wheeling-Charleston, en Virginia Occidental, una zona rural, blanca y muy conservadora de Estados Unidos. En otro momento, la decisi�n de nombrar a un salvadore�o para un puesto de ese calibre habr�a sido ya de por s� un hito por su trasfondo y su mensaje, y tambi�n una peque�a provocaci�n. Pero la decisi�n del Papa, en un momento delicado en las relaciones entre Roma y su pa�s de origen, va mucho m�s all�. Porque Menj�var Ayala lleg� aqu� como inmigrante ilegal en el maletero de un coche, huyendo de la guerra civil en El Salvador. Y si algo caracteriza su discurso es una defensa cerrada de todo lo que Donald Trump denosta.La historia del obispo es la de incontables emigrantes, exiliados y refugiados. Sobrevivi� como pudo a un viaje peligroso, trabaj� en la construcci�n y como conserje, aprendi� ingl�s por las noches y fue ordenado sacerdote antes de conseguir la nacionalidad, hace ya 20 a�os. Le�n XIV no solo busca con �l una renovaci�n en la jerarqu�a eclesi�stica apostando por la diversidad y por el tipo de gu�a pastoral que aprendi� y �l mismo practic� en Am�rica Latina, sino que quiso enviar una declaraci�n clar�sima a la Administraci�n Trump, que volvi� al poder con la promesa de deportar a decenas de millones de personas, que ha cerrado las fronteras y movilizado a todos los agentes federales posibles para perseguir, encerrar y echar incluso a quienes tienen toda la documentaci�n en regla.Las relaciones entre este presidente y El Vaticano nunca han sido buenas. Trump, millonario de cuna y volc�nico, est� acostumbrado a salirse con la suya y tiene un estilo avasallador que no acepta escalas de grises ni lecciones de nadie. Cree y repite que es siempre la persona m�s lista de la habitaci�n. Est� seguro de que el planeta entero necesita conocer su opini�n permanentemente, ya que tambi�n considera que nadie sabe m�s de casi ning�n tema que �l mismo. Incluyendo, parece ser, teolog�a. Su filosof�a del poder le lleva a pensar adem�s que cualquier relaci�n es de suma cero, y que resulta est�pido no aprovechar la superioridad. Sin llegar todav�a a la famosa frase atribuida a Stalin sobre cu�ntas divisiones militares dispon�a el Papa de Roma, pero casi. Tras una visita en 2016 a la frontera entre M�xico y Estados Unidos, en una campa�a electoral centrada en la promesa de levantar un enorme muro defensivo, el Papa Francisco le dijo que "una persona que piensa solo en construir muros y no puentes no es cristiana". Trump respondi� de forma dur�sima, afirmando que era "lamentable y vergonzoso" que el Papa cuestionara su fe y acus� al Gobierno mexicano de utilizar al pont�fice pol�ticamente, dado que este, se�al�, "no entend�a" el problema de la inmigraci�n ilegal y el crimen en la frontera.La situaci�n fue tensa durante mucho tiempo. Francisco critic� repetidamente las pol�ticas migratorias estadounidenses, en especial las brutales separaciones de familias migrantes en la frontera -la gran aportaci�n de Stephen Miller, hoy uno de los asesores m�s radicales y poderosos de la Casa Blanca-, que calific� de una de "las mayores crueldades� imaginables. "Quien construye muros termina prisionero de ellos", avis�. En 2017, Trump visit� El Vaticano y ambos mantuvieron una reuni�n aparentemente cordial. Pero eso no cambi� la posici�n de Roma, que moviliz� a los obispos para que denunciaran los m�todos, los objetivos y las consecuencias de esas pol�ticas.La situaci�n ahora, con otro pont�fice y encima estadounidense, solo ha ido a peor. Cuando Robert Prevost sali� al balc�n de San Pedro el 8 de mayo de 2025 como Le�n XIV, en Washington hubo mucha curiosidad. No era el favorito de los conservadores, pero el primer Papa estadounidense de la historia parec�a una gran oportunidad para una administraci�n euf�rica con el mantra de que Estados Unidos es el pa�s m�s "de moda del mundo" o el m�s envidiado. JD Vance, converso al catolicismo, y Marco Rubio, tambi�n cat�lico, estuvieron en El Vaticano al d�a siguiente. La foto parec�a perfecta, pero acab� saliendo mal.JD Vance y Marco Rubio, en una reuni�n con el papa, al poco de ser elegido.ReutersEl choque de Trump con Le�n XIV es uno de los grandes pulsos de esta �poca. Son dos compatriotas que representan visiones completamente antag�nicas del pa�s, de Occidente, del concepto de comunidad, de la �tica y la moral y, desde luego, de la fe. En su �ltima Estrategia de Seguridad Nacional, Estados Unidos presenta a la Uni�n Europea pr�cticamente como un rival, casi un enemigo, pero no desde el punto de vista militar, ni siquiera pol�tico, sino del de la supervivencia civilizatoria. La visi�n de la Administraci�n Trump sobre Occidente se basa en la raza, el cristianismo y el nacionalismo. La versi�n europea, en la democracia, los Derechos Humanos y el Derecho, especialmente el internacional. Esa rivalidad se replica tambi�n a otra escala con El Vaticano.Trump entiende el poder como voluntad, soberan�a y fuerza. Le�n XIV habla de dignidad, responsabilidad y universalidad. El pol�tico cree en los muros f�sicos y culturales, y en el odio a los rivales y enemigos, a los que quiere destrozar; el Papa insiste en los puentes, en la obligaci�n moral hacia el d�bil y el extranjero, y en la idea de que una naci�n no puede medirse �nicamente por su capacidad de protegerse, sino tambi�n por su voluntad de acoger. El presidente jam�s pide perd�n ni admite errores, y el religioso cree que todo lo bueno en nuestro mundo empieza por la contrici�n y el perd�n. A lo largo de la �ltima d�cada, una parte de la jerarqu�a eclesi�stica local, y del trumpismo, confiaron en que un pont�fice estadounidense, conservador, antiwoke, m�s alineado en la batalla cultural y menos insistente en inmigraci�n y justicia social, ser�a una magn�fica oportunidad. Ha ocurrido exactamente lo contrario.El 'tapado' PrevostPara entenderlo es �til rescatar la figura de Steve Bannon, el gran gur� de la derecha alternativa mundial y estratega jefe de Trump en su primer mandato. Bannon llevaba a�os so�ando con una especie de "reconquista" conservadora del Vaticano tras el pontificado de Francisco. Confiaba en un Papa que corrigiera esa deriva "globalista", pero Le�n XIV rompi� esas expectativas antes incluso de ser elegido. Bannon, que tiene una relaci�n especial con Roma y es un fan declarado de Giordano Bruno, al que dedic� un documental, tiene una teor�a peculiar sobre la resistencia o el martirio en la revoluci�n contra el orden establecido. Y hab�a advertido antes del c�nclave de que Robert Prevost era un tapado muy peligroso para la agenda conservadora. Tras su elecci�n, explot� y lo describi� como "el peor elegido para los cat�licos MAGA" y como un "ac�lito de Bergoglio", y reproch� a la curia vaticana haber escogido deliberadamente a un Papa de Chicago progresista para intentar neutralizar pol�ticamente al trumpismo. La obsesi�n de Bannon durante a�os fue construir un eje internacional populista y nacionalista de ra�ces cristianas. Apostaba por figuras como el cardenal estadounidense Raymond Burke, s�mbolo del ala ultraconservadora enfrentada a Francisco. Tambi�n ve�a con simpat�a nombres como Robert Sarah o P�ter Erd, todos identificados con una Iglesia m�s doctrinal, tradicionalista y beligerante contra el izquierdismo cultural.En la visi�n de Trump, similar, El Vaticano se pod�a convertir en un aliado de los movimientos soberanistas europeos y del America First, pero Le�n XIV ha mantenido buena parte de la l�nea de su predecesor y ha convertido el lenguaje sobre migrantes en una cuesti�n moral central, yendo abierta y constantemente al choque con las pol�ticas de la Administraci�n. Cuando Vance le invit� a celebrar el 250� aniversario de Estados Unidos en la Casa Blanca, Le�n XIV declin� y eligi� pasar el 4 de julio en Lampedusa, la isla mediterr�nea que es s�mbolo de la crisis migratoria. El mensaje era dif�cil de malinterpretar y Trump respondi� como suele hacerlo, tom�ndoselo como algo personal.En las primeras temporadas de El Ala Oeste de la Casa Blanca, la serie de Aaron Sorkin, el presidente estadounidense se enfrenta a un caso complicado, con un adolescente que ha huido del pa�s tras matar a su profesor y se ha escondido en Italia. Washington quiere que lo extraditen, pero las autoridades italianas se resisten porque temen que se enfrente a la pena de muerte. En esa dif�cil situaci�n, lo que m�s teme el presidente es precisamente una posible reprimenda p�blica del obispo de Roma, una de las grandes autoridades morales del planeta. El trumpismo funciona de forma completamente opuesta, siempre feliz en una pelea entre l�deres. En estos �ltimos meses, Trump ha atacado al Papa una y otra vez por "interferir", dici�ndole que es "d�bil con el crimen" y "terrible en pol�tica exterior", especialmente despu�s de que El Vaticano criticara las operaciones militares estadounidenses. Es el mismo lenguaje electoralista que usa con los dem�cratas o la prensa, pero que resulta c�mico al hablar del cabeza de la Iglesia.Para Trump, como para Vance, el Papa parece ser no tanto una autoridad religiosa y moral, sino un rival pol�tico. La gran broncaEl presidente, en medio del debate sobre la guerra en Oriente Pr�ximo y los bombardeos, lleg� a decir que Le�n XIV quer�a que Ir�n tuviera bombas nucleares. Y el vicepresidente inst� al l�der de su Iglesia a que "se centrara en asuntos de moralidad" y dejara "que el presidente de Estados Unidos se encargue de dictar la pol�tica p�blica estadounidense" como si pudiera haber algo m�s oportuno para abordar la moralidad que una guerra y la muerte de miles de personas.Apenas unos d�as despu�s del primer aniversario del regreso de Trump a la presidencia, tuvo lugar una reuni�n muy inusual en Washington que aviv� la discusi�n p�blica sobre la relaci�n bilateral. Tras las expresiones de preocupaci�n del Papa y funcionarios del Vaticano por las acciones de la Administraci�n en Venezuela o en Mine�polis, donde dos estadounidenses murieron en protestas contra las operaciones migratorias, altos mandos del Pent�gono recibieron al cardenal Christophe Pierre, embajador de la Santa Sede en Estados Unidos, y le reprocharon en un encuentro muy tenso la posici�n de Roma.Los choques con el Papa se pueden entender lo suficientemente bien en funci�n de esas l�gicas mencionadas, la personalidad del presidente o la pugna filos�fico-teol�gica que hace las delicias de los historiadores y aficionados a los conflictos imperiales de hace un milenio. Pero para llegar al fondo es necesario ir mucho m�s all� y analizar desde una �ptica m�s amplia que han descrito bien autores como Tim Alberta (The Kingdom, the Power, and the Glory), Kristin Kobes Du Mez (Jesus and John Wayne), Katherine Stewart (The Power Worshippers y Money, Lies, and God) o Philip S. Gorski (The Flag and the Cross), sobre la transformaci�n del movimiento evang�lico en Estados Unidos en un nacionalismo cristiano.Un movimiento religioso-pol�tico, con enormes recursos, que ha dejado de lado las ideas hist�ricas y su apuesta por la "mayor�a moral" en favor de una agenda mucho m�s centrada en cuestiones culturales y un liderazgo de la derecha frente a la amenaza de la izquierda. Kobes Du Mez, por ejemplo, explica c�mo buena parte del evangelicalismo sustituy� poco a poco la imagen evang�lica tradicional de Jes�s como alguien compasivo, humilde y pacifista por un ideal de masculinidad "agresiva, patriarcal y nacionalista", simbolizado ic�nicamente por figuras como John Wayne primero y Trump despu�s. Por eso, sostiene, el �xito del multimillonario no es una casualidad o algo pasajero, sino la culminaci�n de d�cadas de cultura pol�tica y religiosa que han reconstruido una identidad anta�o basada en las escrituras en favor de una visi�n hostil hacia el feminismo y los derechos LGBTQ, agresiva, militarista y que coloca a Estados Unidos como una naci�n cristiana amenazada, no solo desde fuera, sino en especial desde dentro.Ah� se enmarcan algunos ejemplos recientes que se han viralizado: los rezos p�blicos en el Despacho Oval; las posiciones radicales del secretario de Defensa Hegseth, comparando el rescate de un piloto en Ir�n con la Pasi�n y Resurrecci�n; las met�foras con la imagen del pueblo elegido; o las ideas del speaker del Congreso y aliado de Trump, Mike Johnson, contrario a la separaci�n de Iglesia y Estado. La principal asesora religiosa de la Casa Blanca, Paula White Caine, devota del presidente al que recientemente asemej� con Jesucristo, ha trazado un paralelismo entre los procesos judiciales y ataques pol�ticos sufridos por Trump y la pasi�n de Cristo. "Nadie ha pagado el precio como usted", le dijo al presidente, el mismo que semanas antes hab�a colgado en sus redes sociales una imagen sacr�lega present�ndose a s� mismo como Jes�s.Interpretaciones contrarias del 'ordo amoris'Pero hay mucho m�s. Vance, un converso con conocimientos superficiales de religi�n pero la convicci�n del reci�n llegado, ha usado la fe no solo en el contexto de la guerra, sino para interpretar en t�rminos de pol�tica nacional el concepto del ordo amoris, el "orden del amor" de San Agust�n, seg�n el cual las obligaciones morales -tras el amor a Dios- empezar�an por la familia, luego por la comunidad nacional y solo despu�s por el resto del mundo.Justo un mes despu�s de que Trump jurara el cargo, el Papa Francisco mand� una carta a los obispos de Estados Unidos sobre inmigraci�n y deportaciones masivas, abordando directamente la interpretaci�n correcta del ordo amoris y rechazando esa visi�n. "El amor cristiano no es una expansi�n conc�ntrica de intereses que poco a poco se extienden a otras personas y grupos. En otras palabras: �la persona humana no es un mero individuo, relativamente extenso, con algunos sentimientos filantr�picos! La persona humana es un sujeto con dignidad que, a trav�s de la relaci�n constitutiva con todos, especialmente con los m�s pobres, puede madurar gradualmente en su identidad y vocaci�n. El verdadero orden del amor que debemos promover es el que descubrimos meditando constantemente en la par�bola del Buen Samaritano, es decir, meditando en el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin excepci�n", dijo el Papa, teniendo muy presente que el 56% de los votantes cat�licos y el 60% de los cat�licos blancos votaron por Trump en 2024, muchos de ellos no a pesar, sino debido a su postura y ret�rica sobre la inmigraci�n.Pero si lo ocurrido en el primer a�o de Trump hab�a sido motivo de fricciones, la Tercera Guerra del Golfo es la que hizo que todo saltara definitivamente por los aires, con el debate final sobre el uso leg�timo de la fuerza y la idea cl�sica de la "guerra justa", que los comentaristas conservadores estadounidenses han querido esgrimir con notable atrevimiento contra un agustino como Le�n XIV y contra figuras destacadas como el cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington y autor de una tesis doctoral sobre normas morales en pol�tica exterior, o el arzobispo Timothy Broglio, responsable de los capellanes militares.La idea del bellum iustum -formulada por San Agust�n, sistematizada por Tom�s de Aquino y desarrollada despu�s en el derecho internacional moderno- exige causa justa, intenci�n recta, autoridad leg�tima, que sea el �ltimo recurso posible y proporcionalidad. Por eso, cuando Trump amenaz� con "aniquilar la civilizaci�n iran�", Le�n XIV sali� ante los periodistas y respondi� deliberadamente en ingl�s calificando la guerra de "injusta" y recordando que atacar infraestructuras civiles es contrario al derecho internacional. "Hoy ha habido esta amenaza contra todo el pueblo de Ir�n. Esto verdaderamente no es aceptable". Tres d�as despu�s, en una vigilia en la Bas�lica de San Pedro, conden� el "delirio de omnipotencia" que alimenta las guerras y rechaz� cualquier intento de "reclutar a Dios" para justificar la muerte de civiles. No mencion� a Trump por su nombre, ni hizo falta. Al d�a siguiente, el presidente le llam� "d�bil y terrible". Vance intent� gestionar el fuego cruzado. Como uno de los cat�licos m�s prominentes del pa�s, el enfrentamiento entre el Papa y el presidente le coloca en una posici�n inc�moda y la defensa de su jefe le estaba dejando muy expuesto. Pidi� al pont�fice "cautela en sus palabras" y, despu�s, cuando interpret� que Le�n XIV suaviz� el tono, lo agradeci� p�blicamente. "La realidad suele ser mucho m�s compleja", escribi� en sus redes. "Estar� en nuestras oraciones y espero que nosotros estemos en las suyas". En mayo, Marco Rubio vol� a Roma para reunirse con el Papa y en un comunicado posterior habl� de "compromiso compartido con la paz y la dignidad humana". La diplomacia rebaj� algo la temperatura, pero las causas del conflicto siguen intactas y la determinaci�n del Papa, m�s fuerte que nunca. "No le temo a la Administraci�n Trump ni a hablar abiertamente sobre el mensaje del Evangelio, que es la raz�n de ser de la Iglesia. Seguir� manifest�ndome con firmeza contra la guerra, buscando promover la paz, el di�logo y el multilateralismo entre los Estados para encontrar soluciones a los problemas. Demasiadas personas sufren hoy, demasiadas personas inocentes han muerto, y creo que alguien debe alzar la voz y decir que hay una mejor manera", avis� el mes pasado en un viaje a �frica en el que lament� que "el mundo est� siendo asolado por un pu�ado de tiranos. [...] Ay de quienes manipulan la religi�n y el propio nombre de Dios para su beneficio militar, econ�mico o pol�tico", zanj�.