Vuelve el mundo en blanco y negro, a la sombra de Ormuz. Asoma, por lo menos, en el Imperio del Sol Naciente, donde dos cadenas de supermercados, Donki y Family Mart, han anunciado medidas drásticas de ahorro en tintas para su marca blanca. El mes pasado lo hizo el gigante de los aperitivos nipones, Calbee: 14 de sus productos más vendidos dejan de utilizar el color en sus bolsas, hasta nuevo aviso. Entre ellos, las patatas fritas más vendidas de Japón. En todos los casos, el motivo es la escasez de nafta -en la base de muchos pigmentos, resinas y plásticos- a causa del cierre selectivo del estrecho de Ormuz. Algunas de las bolsas de patatas chips más vendidas de Japón parecen ahora más propias de un funeral que de una fiesta. Pero debería impresionar aún más el paso que da Donki, el campeón de los supermercados de descuento en Japón. Llamado oficialmente Don Quijote, aunque coloquialmente -y en el resto de sus mercados- sea conocido por la contracción Donki o -como recuerda su interminable hilo musical- Don Don Donki.Este mes de junio, Donki abraza el nuevo credo monocromático, con una gama de productos ultra económicos de primera necesidad. De entrada son 26, desde paquetes de un kilo de espaguetis a 1,20 euros, a pañuelos de papel (5x10) por un euro o botellines de agua de metido litros a 21 céntimos. El etiquetaje y su tipografía, además, serán simplificados hasta la mínima impresión. En un país donde el minimalismo y la economía de recursos van de la mano, como la ética y la estética. Entrada del Don Don Donki más conocido de Bangkok, en Ekkamai. Tailandia es uno de los mercados extranjeros más importantes para la multinacional japonesa (cuyo nombre oficial es Don Quijote) aunque por detrás de Singapur o Hawaii.cedidaCon su apuesta de medias tintas y ahorros de un 7%, Donki confía en que su gama de bajo coste EDRP -Every Day REal Price- sea imbatible para la competencia de Topvalu, Aeon, 7Eleven o Family Mart. Aunque esta última cadena de tiendas de conveniencia ya ha adelantado que este verano los logos de sus bocadillos también serán en blanco y negro. Aeon y otros, por su parte, están reduciendo en un 43% el uso de plástico, eliminando etiquetas, tapas o bandejas. Desde marzo pueden contarse con los dedos de una mano los petroleros con destino a Japón que han podido cruzar el estrecho de Ormuz. Sin embargo, el bloqueo de este parece haber abierto una oportunidad difícil de desperdiciar. La de cargar a hombres de un imponderable una reducción de costes que arrancó por lo menos cuatro años atrás, asociada a la erosión del poder adquisitivo de decenas de millones de japoneses. Dicho de otro modo, a la guadaña de la inflación, en un país acostumbrado, durante décadas, a que los precios no se movieran y los salarios tampoco. De ahí que ni el consumidor japonés acepte las subidas de precios, ni las empresas japonesas se hayan atrevido a trasladarle directamente el choque energético -y luego de materias primas- que empezó con la invasión rusa de Ucrania. Sí indirectamente, ya que Japón es el país en que más empresas optan por reducir el volumen del producto, en lugar de aumentar su precio. Dando, por ejemplo, diez galletas donde daban doce. Las tabletas de chocolate Meiji o Ghana empiezan a ser solo aptas para bailarinas de ballet. Es lo que se ha dado en llamar “reduflación”.Pero a Don Quijote no le bastan las medias tintas para luchar contra los molinos de la inflación. Hace cinco semanas creó una filial de bajo coste y nombre explícito, Robin Hood. Antes de final de mes contará con cuatro más, con un 60% de espacio dedicado a alimentación, a precios muy ajustados. Don Quijote y Robin Hood tienen bastante camino por delante, dado el estancamiento económico de Japón, cuya renta per cápita fue superada por la de España hace un par de años. La debilidad del yen -bien recibida por sus exportadores- agrava el efecto óptico. Pero no hay forma de barrer bajo la alfombra que el 45% de las viudas y de las familias monoparentales viven en la pobreza, según un estudio de la Universidad Metropolitana de Tokio.Una realidad que va de la mano con la de muchos trabajadores precarios y jóvenes con pocos recursos, para los que es imposible vivir a menos de una hora de tren de Tokio. Todo ello ayuda a explicar el boom que viven desde hace pocos años las marcas blancas en Japón, con una o dos décadas de retraso respecto a Europa. Calbee, desde luego, ha vivido situaciones peores, empezando por su origen como fábrica de caramelos en Hiroshima, inmediatamente después de la hecatombe. Pero ha terminado por reconocer que “la actual subida de precios se debe principalmente al incremento del coste de las materias primas y de la logística, sin relación con la situación en Oriente Medio”. Porque no basta con medias tintas y a partir de septiembre aumentará el precio (10%) y reducirá el volumen en 25 de sus productos. La insoportable levedad de sus bolsas de patatas chips hasta puede venderse como saludable. Algo parecido hace Donki con los onigiris (bolas de arroz) en que ha sustituido las láminas de algas por láminas de cebada, más barata. Los fundamentos materiales de la sociedad japonesa están bajo presión. Para colmo, Softbank, con su apuesta por la IA, ha girado este lunes las agujas del reloj un cuarto de siglo, al superar su cotización en bolsa a la de Toyota. Conviertiéndose así en la empresa más valiosa de la bolsa de Tokio, como ya sucedió en 2000. Fue entonces algo efímero, que acabó con el pinchazo apoteósico de las punto com. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.
Otro icono japonés del consumo se pasa al blanco y negro por la presión de Ormuz
La cadena Donki también lanza una gama de productos en paquetes monocromos por la escasez de nafta













