El Partido Popular no entiende cómo es posible qué con los casos judiciales abiertos que acorralan al PSOE, no tenga mayoría parlamentaria suficiente para plantear y ganar una moción de censura. Es tan grande la soberbia del PP que le impide ver que de todo lo que acuse al Gobierno y al Partido Socialista, ellos ya lo hicieron antes y mejor. Mejor porque vemos como, para ellos, pagar por sus corrupciones y sus actos miserables (aquí entran desde su manera de abordar el acoso sexual en sus filas hasta los 7.291 ancianos que murieron en las residencias de Madrid durante la pandemia del COVID 19) no les pasa factura electoral y cuenta con el temporizador judicial que (¡oh, casualidad!) con sus casos sigue un ritmo más favorecedor.PublicidadYo, que a diferencia de la clase política, piso la calle y me muevo en transporte público, no necesito a Tezanos para tener una radiografía de país. Hay varios datos incuestionables. Uno es que existe una importante cantidad de ciudadanos que odia a Pedro Sánchez. La mayoría de ellos, cuando les confrontas con sus razones, no hay mucho recorrido porque están basadas, en gran parte, en los bulos, populismos y triquiñuelas en los que toda la red mediática, judicial y política de la derecha lleva trabajando firmemente desde 2023.Pero también hay una realidad que hace que el votante progresista no pueda soportar más dudas cuando, cada día, se siembra una sospecha nueva que huele a corrupción y a cloaca. Y más cuando el PSOE ha sido incapaz de tomar medidas radicales en el tema de la vivienda. Porque, seamos honestos, lo único que podría salvarle el culo ahora mismo al Gobierno es que se atreviera a regular el precio de los alquileres, expropiar los pisos de las entidades bancarias y de la Iglesia y devolverlos al mercado, desde una inmobiliaria estatal, a un precio razonable, regulación dura de los pisos turísticos, convertir a las personas con más de cuatro viviendas en grandes tenedores (y que paguen muchos y altos impuestos por ellos) y prohibir la actuación de fondos buitre en España y, ya que te llaman comunista desde 2020, con carácter retroactivo. ¿Va a suceder eso? Mucho me temo que no.¿Hay hastío en la calle? Sí. ¿Hay decepción en los votantes progresistas? Sí. ¿Hay una crispación pegajosa, alimentada por un entretenimiento mediático basado en hacer "sálvames" políticos cada puto día, incluido el fin de semana? También. Entonces, ¿por qué los partidos políticos que representan en el Parlamento a esa ciudadanía hastiada, decepcionada y crispada no dejan caer al Gobierno y permiten la moción de censura? Porque ellos, como esa ciudadanía desencantada, saben que la alternativa es peor. Y eso es lo que el PP no quiere ver. Que el peor enemigo del PP es el PP.La maniobra política del PP es cainita para con los votantes progresistas y conlleva un desgaste emocional que nos deja sin fuerzas. Lo saben y les funciona. El votante progresista, a diferencia del votante conservador, se desilusiona y se fragmenta. Y cuando eso sucede, a la derecha no le va mal. A río revuelto, ganancia de conservadores. Ellos cumplen con el dogma ideológico y votan a su candidato, aunque haya sido capaz de mentir en la autoría de un atentado terrorista salvaje para ganar las elecciones o de no estar en condiciones, después de una comilona, para gestionar una DANA que acabó con la vida de 230 personas. Si su candidato fuera Hitler, Pinochet o Videla, lo votarían con tal de que no llegase al poder un Allende, Palme o Mujica.PublicidadPero otro de los datos incuestionables de los que hablaba al principio es que empiezo a notar en el votante progresista una sensación, lógica, de que esto es la guerra. De que esa supuesta superioridad moral de la izquierda que nos impedía votar a quien nos había decepcionado haciendo, precisamente, políticas de derechas, tiene que pasar a un segundo plano. Que la alternativa es la caverna.No hay un miedo a una victoria del PP. Eso ya lo hemos sufrido y sabemos que de ahí, tarde o temprano, se sale. Hay miedo al acercamiento filial a su hijo problemático -la extrema derecha de VOX-. A tener a un fanático peligroso, en la línea de Trump o Milei, en la vicepresidencia del Gobierno y en algún que otro ministerio y cargo de responsabilidad. Y a esa realidad, el PP no puede abstraerse.No son una alternativa capaz, tan siquiera, de convencer a la derecha nacionalista vasca y catalana. Porque el PP, en su intento de que el hijo problemático volviera a casa, empezó a asumir como propio un comportamiento disruptivo y antisocial en personajes sacados de un thriller psicológico como son Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez, Ester Muñoz o Miguel Tellado. A ver si así, el hijo broncas, regresaba al hogar, aunque fuera por mímesis. Y la maniobra falló. El hijo pendenciero se ha independizado. Y lo necesita para formar gobiernos, como hemos visto en Extremadura, Aragón, Andalucía y Castilla y León. Y eso también moviliza.PublicidadLa desmotivación progresista se ha convertido en indignación cuando vemos como la justicia actúa de manera diferente si la causa de corrupción afecta a la izquierda o a la derecha. Eso no significa que no exista una corrupción despreciable en el PSOE. Es evidente que sí. Lo que significa es que cuando la corrupción despreciable es la de la derecha, entonces los tiempos se dilatan, los casos prescriben, nadie recuerda nada, se condena sin pruebas, es imposible averiguar quién era M. Rajoy pero se tiene claro de zzzz es Zapatero, no hay tráfico de influencias cuando el que compra mascarillas es el hermano de Ayuso o Luis Medina, se registran sedes y oficinas pero nadie ha registrado las de Equipo Económico, el despacho de Montoro. Y así, un suma y sigue. Y eso canta. Y cansa.¿En serio podemos decir que el sistema funciona correctamente? ¿Quién le explica a la ciudadanía por qué se registra el despacho de Zapatero, por una intermediación que hizo -aún no sabemos si legal o no- cuando ya no era presidente del Gobierno y no hay una orden para que se registre la oficina de Montoro, cuando hay sobre la mesa un caso de corrupción descomunal, con también indicios que señalan que se favoreció a empresas creando normas y reformas fiscales a cambio de pagos al despacho del entonces ministro de Hacienda? Si hubiera pruebas, anda que no han tenido tiempo para destruirlas. Eso que la derecha no puede explicar, y que despierta sospechas, también moviliza.Percibo, y no sé si es bueno o malo, que ante "el que pueda hacer, que haga" hay una curiosa reacción: votantes de izquierda que están dispuestos a no castigar al Gobierno. Y cuando les preguntas por ello responden: "es más fácil hacer políticas sociales y reformadoras contra el PSOE que contra el PP. Y si ya es PP y VOX, olvídate". El votante progresista no confía en el PSOE pero sí cree que lo que exista a su izquierda, si es que ese terreno es fértil, siempre va a ser más beneficioso, en unión con el PSOE, para el país y para los ciudadanos que el único socio que le queda al PP. Otra cosa es si esas migas en las que se han convertido las fuerzas progresistas a la izquierda del PSOE dan para hacer un pan. Pero esa es otra columna.
La mala alternativa
El Partido Popular no entiende cómo es posible qué con los casos judiciales abiertos que acorralan al PSOE, no tenga mayoría parlamentaria suficiente para plantear y ganar una moción de censura.













