Que Vox haya participado en el foro de la extrema derecha más xenófoba y supremacista, celebrado este fin de semana en Portugal, podría entenderse como un acto de sinceridad sobre el fondo de su ideología y sobre lo que su llegada al poder representaría para España. Así son y así gobernarían. La formación de Santiago Abascal no ha tenido ningún reparo en mostrarse junto a agitadores que exhiben discursos tan abiertamente racistas que incluso resultan tóxicos para dirigentes como Marine Le Pen, cuyo partido prefirió ausentarse de la reunión. Al sumarse a ella con la presencia de la diputada Rocío de Meer, la extrema derecha española no sorprende a nadie. Pero pone sus cartas sobre la mesa, y estas cartas son las que, quien pacte con Abascal, como ha hecho el PP en varias automomías, o contemple llevarle al Gobierno de la nación, en modo alguno puede ignorar.La Cumbre de Remigración en Figueira da Foz, a 140 kilómetros de Oporto, contó con la presencia de figuras internacionales del supremacismo blanco y representantes de grupúsculos que se sitúan a la derecha de la extrema derecha, y que en algunos países, como Alemania, bordean la legalidad. Es revelador que el invitado estrella fuese Greg Bovino, el excomandante en jefe de la Patrulla Fronteriza de EE UU que alcanzó la celebridad con la represión violenta contra los inmigrantes. Otro de los oradores fue el austriaco Martin Sellner, ponente en 2023 de un encuentro secreto cerca de Berlín en la que se debatieron aspectos “éticos, jurídicos y logísticos” de la “remigración”, término referido a la expulsión de millones de inmigrantes y sus descendientes. Sellner, que tiene vetada la entrada en Reino Unido, habla del “suicidio étnico” de la población blanca y agita, como otra de las asistentes, Eva Vlaardingerbroek, la teoría conspiratoria del gran reemplazo, según el cual, en palabras de esta activista neerlandesa, “los europeos étnicamente blancos [serán] pronto una minoría en [sus] propios países”. No se mencionó en los discursos la palabra “raza”, pero todo el mundo lo entendió.La radicalidad de la extrema derecha española no es ningún secreto y entra dentro de su lógica la presencia en Figueira da Foz de alguien como la diputada De Meer, abanderada de la idea de “remigración”. Pero no resulta en absoluto irrelevante. Ni para España, ni para la derecha moderada, que ya ha asumido en sus acuerdos autonómicos conceptos como la “prioridad nacional”, sacados directamente del manual xenófobo europeo. Es un camino muy peligroso para un partido de Estado como el PP, y para todo el país. La complicidad de Vox con la internacional del supremacismo blanco viene a recordar, si es que hacía falta, el verdadero carácter de esta formación, y la responsabilidad que supondría llevarla al Gobierno español.