El dinero nubla muchas mentes. Los últimos meses hemos visto como personas que poseen caudales suficientes para gozar de una vida regalada ellos y sus descendientes, tienen conductas reprobables para acumular más activos. Los casos de corrupción política son los que atesoran más repercusión y afectan de forma muy sustancial nuestras democracias, dado que en el imaginario colectivo queda la idea de que todos los políticos roban. Pero el ámbito de la empresa tampoco se ha quedado al margen de la presunta codicia. Recientemente se ha conocido como la mala relación paternofilial por el control económico podría estar detrás del presunto homicidio del fundador de la empresa de moda Mango. Las investigaciones de los Mossos d’Esquadra y del juzgado de Instrucción de Martorell han conducido a la detención de Jonathan Andic, acusado de acabar con la vida de su padre Isak. La magistrada instructora, que dejó en libertad al detenido tras el pago de una fianza de un millón de euros, apunta al hijo de tener “obsesión por el dinero”.En el ámbito político el relato es mucho más largo por la acumulación de casos. La Audiencia Nacional investiga al expresidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, acusado presuntamente de delitos de tráfico de influencias, apropiación indebida y organización criminal. En otro orden, también hay noticias del caso del exministro de Hacienda durante los gobiernos del PP, Cristóbal Montoro. La Fiscalía Anticorrupción apunta al que fue máximo responsable de las cuentas públicas del Estado de usar su consultora Equipo Económico para elaborar leyes a la carta y beneficiar a grandes multinacionales. Otra derivada de la usura son los favores sexuales. Por ejemplo, el caso Koldo, en el que está implicado el exministro José Luís Ábalos, acusado de crear una red que pudo cobrar comisiones ilegales en la compra pública de mascarillas durante la Covid-19. Además de la avaricia económica, la trama financió favores íntimos, alquileres y sueldos de las acompañantes del exministro y su entorno. Si ampliamos el foco, otros procesos como el de Jeffrey Epstein tienen todos los ingredientes de la perversión: tráfico sexual, abuso de menores y corrupción. Asunto que salpica a figuras empresariales, políticas y sociales muy relevantes de todo el mundo. Todos estos casos y algunos más que no relatamos para no aburrir al resignado lector, nos han hecho recordar la frase que según un amigo explica la avaricia humana: “Todo es culpa del palmo que domina el mundo”. Una distancia, especialmente en los varones, que va desde el bolsillo donde se guarda la cartera, es decir, el dinero, hasta la entrepierna, donde se encuentran los genitales. No siempre van juntos, pero la ramificación sexual de algunos casos de corrupción también explica la impunidad con la que actúan algunos seres humanos.El sociólogo francés Émile Durkheim explica este deseo ilimitado de riqueza mediante el concepto de la anomia, que define como la ruptura de las normas sociales, y sobre todo morales, que regulan las ambiciones humanas: “Cuando la riqueza crece sin límites, excita los deseos en lugar de satisfacerlos...”. Un afán desmedido de poseer más que destruye a muchas personas, y que últimamente está poniendo en riesgo el propio sistema democrático.
El palmo que domina el mundo
La ramificación sexual de algunos casos de corrupción también explica la impunidad con la que actúan algunos seres humanos












