Barcelona tiene cada vez menos población y barrios vulnerables, una situación que prácticamente desaparece del centro; esa es la noticia buena. La mala es que los barrios en peor situación se concentran en la periferia y en el distrito de Ciutat Vella al completo, donde se cronifica. Lo muestra la última edición del Atlas de Vulnerabilidad Urbana del Ministerio de Agenda Urbana que se basa en datos (del INE y del catastro) sobre renta, estudios, paro o la situación del parque de viviendas. El atlas se publica con datos del censo, y los últimos son de 2021. Muestra que, si en 2011 en la capital catalana había 47 barrios vulnerables donde vivía el 28% de la población; ahora son 27 que suman casi la mitad de vecinos, el 16,3%. El cambio más destacable es que la vulnerabilidad desaparece del territorio central de la ciudad (zonas del distrito de Horta-Guinardó, de Gràcia, Eixample, Sant Martí o Sants Montjuïc), pero permanece en la zona norte (Nou Barris y la Trinitat), la franja del Besòs y Ciutat Vella. El catedrático emérito de Urbanismo de la Universidad Politécnica de Madrid Agustín Hernández Aja, coordinador desde 1996 del estudio, apunta a una suma de causas: “La inversión pública en barrios del centro, la presión en precios y demanda de vivienda fruto de estas mejoras y de la turistización, y a la construcción de pisos sociales en la periferia de la ciudad a los que se traslada parte de la población”. Hernández Aja señala una “elitización” de buena parte de Barcelona, donde los barrios devienen “más exclusivos, pero más excluyentes”. Otras voces especialistas en segregación y procesos de cambio urbanos, como Oriol Nel·lo o Toni López Gay, apuntan también como posible causa las subidas de precio donde cae la vulnerabilidad o a gentrificación de barrios como Poblenou o Sant Antoni.El Atlas no utiliza exactamente la división oficial de los 73 barrios del Ayuntamiento de Barcelona. Por ejemplo, divide el Raval en tres (norte, centro y sur), o dibuja un barrio con partes de Besòs-Maresme, Provençals y Sant Martí. Entre los barrios concretos que salen de la situación de vulnerabilidad figuran parte de Sant Antoni, Fort Pienc, Sagrada Família o la parte izquierda de l’Eixample. También mejoran su situación Poblesec, Sants, Badal, Hostafrancs; parte del Poblenou, de Gràcia y de Camp d’en Grassot. Y más al norte de la ciudad, Can Baró, Guinardó y la frontera entre Vilapicina y Prosperitat.Los planos que muestra el Atlas, con las situaciones de vulnerabilidad por cada concepto (renta, parque residencial, estudios...) muestran que es una cuestión de capas. En Barcelona, por ejemplo, en 1991 el atlas señalaba vulnerabilidad en 12 barrios, la mayoría por la situación del parque de viviendas (en los distritos del Eixample y Ciutat Vella) y Torre Baró y Sants. Pero en cambio, con el paso de los años en nuevos censos se multiplican las manchas en la periferia, por el peso también de los estudios o el paro como razón. Hernández Aja explica esta complejidad y nuevos fenómenos entonces inesperados: “Por ejemplo, el nivel de estudios general mejora, pero en los barrios con población muy envejecida sin estudios sigue pesando este indicador; y ahora hay fenómenos recientes como gente con muchos estudios que vive mal o vecinos con trabajo que son pobres”.El geógrafo de la Universitat Autònoma de Barcelona Oriol Nel·lo, especialista en ordenación del territorio y segregación urbana, ve “muy positivo que la vulnerabilidad se reduzca territorialmente y afecte a menos población, pero podría tener el negativo que es que la población en peor situación sale de la ciudad central”. Y constata que hay “barrios que se consolidan como vulnerables, como los del norte de la ciudad, Ciutat Vella y el Besòs”. “Si el mecanismo por el que se seleccionan las posibilidades de asentarse población en los territorios son los precios, la caída de vulnerabilidad en el centro puede deberse a que una parte de la población se ve forzada a salir”, apunta, y añade que datos de las ciudades del entorno o el tiempo confirmarán “la hipótesis de si obedece a una mejora general, a un desplazamiento de población o a las dos cosas”.Nel·lo recuerda que en los estudios sobre segregación residencial que ha capitaneado en el IGOP, con datos de renta, “se observan concentraciones de rentas bajas en municipios de fuera de Barcelona” y en particular en su conurbación (L’Hospitalet, Santa Coloma, Sant Adrià) y en otras ciudades del arco metropolitano (Vilanova, Vilafranca, Granollers, Rubí, Mataró).De hecho, las Estadísticas metropolitanas de condiciones de vida 2024-2025 publicadas recientemente por el Instituto Metrópoli a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE ampliada por el Idescat en Cataluña ya indicaban que la pobreza cae en la ciudad de Barcelona mientras crece en los municipios de su entorno. De media, el riesgo de pobreza de los municipios del Área Metropolitana de Barcelona(AMB), es del 19,4%, ligeramente inferior a dos años atrás. Pero en la capital catalana la pobreza ha caído desde entonces (de un 19,7% a un 16,4% de la población), mientras en el resto del AMB ha subido del 19,8% al 22,4%.El geógrafo Toni López Gay, que se ha especializado en estudiar procesos de relevo poblacional protagonizados por parte por migrantes extranjeros, pero con elevado poder adquisitivo o situación profesional acomodada, destaca que algunos de los barrios donde señala el Atlas que pierden la condición de vulnerables “coinciden con barrios con indicadores de gentrificación y procesos identificados entre 2011 y 2021, que después de los de Ciutat Vella o Gràcia afectaron a zonas de la ciudad donde no había aparecido como Poblenou, Sant Antoni, Poblesec o Sants y Hostafrancs”. “Barrios, donde hemos visto procesos de llegada de migrantes de estratos económicos superiores, directivos, profesionales cualificados o estudiantes de países ricos”, precisa.