Un estudio alerta de que la vivienda contribuye a ensanchar la brecha social entre la población autóctona y extranjera, más precaria, con rentas más bajas y mayor riesgo de pobreza

El mercado de la vivienda es una de las grandes piedras en el camino de la población migrante en Barcelona, que alcanza el 30% de los vecinos. No solo en el día a día, sino que las peores condiciones para acceder a la vivienda frenan las posibilidades de subir pisos en un ascensor que cuesta mucho que llegue y reproduce la pobreza, ensanchando las

" rel="" title="https://elpais.com/espana/catalunya/2023-11-05/brechas-economicas-en-barcelona-cuando-los-vecinos-de-una-acera-tiene-el-doble-de-renta-que-los-de-enfrente.html" data-link-track-dtm="">desigualdades en la ciudad. Lo explica el estudio Migraciones, vivienda y desigualdades en Barcelona, del Instituto Metropoli, que señala que el 70% de la población migrante vive de alquiler (frente al 20% de autóctonos), destina hasta el 49% de sus ingresos a pagar la vivienda y triplica el riesgo de pobreza.

“La vivienda se convierte en un vector clave para entender como las desigualdades se transmiten y se agravan”, afirman las conclusiones de un estudio que alerta de que “Barcelona se encuentra ante un escenario de polarización social creciente”. “Un desequilibrio que no solo afecta a la capacidad de consumo y ahorro, sino que genera una presión constante sobre otras esferas de la vida cotidiana”, apuntan los investigadores Albert Sales, Frederic Romea, Mercè Cortina y Pau Alarcón.