Glòria Serra

Nos preguntan a menudo a los periodistas qué caso nos ha afectado más. Todos tenemos los nuestros: acostumbramos a hablar con las personas en el peor momento de su vida y hay historias que se te meten bajo la piel y te acompañan toda la vida. Yo tengo muchas, que incluyen padres con hijos desaparecidos, asesinatos y ataques crueles, y estafas que destrozan familias.

Entre estas hay un caso extremo, vivido muy cerca y con más de cien familias como víctimas. Personas que necesitaban ingresos por haber avalado a hijos con hipotecas impagadas o para afrontar enfermedades o jubilaciones insuficientes. Tres hombres, Artur Segarra, Francisco Comitre y Enrique Peña se compincharon para robarles y engañarles, ayudados por numerosos cómplices. Un comercial, que cumple cadena perpetua en Tailandia (adonde huyó) por haber asesinado a un empresario catalán; un abogado y ex-modelo, y, la pieza clave, un notario, suspendido de excepción por el Ministerio de Justicia.

Cuando empezaron sus estafas, en el lejano 2013, supieron aprovechar las angustias de los inicios de la crisis económica. Familias humildes, con la vivienda como único patrimonio, poco conocimiento de las leyes, los productos bancarios o el mercado inmobiliario. Pensando que conseguían un crédito ventajoso, prácticamente regalaron su casa a la trama.