OpiniónSon ellos testigos silenciosos del horror, y en ocasiones pueden compartir sus raíces con una fosa clandestina.CONSULTORA DE COMUNICACIONES, ESCRITORA Y COLUMNISTA27.05.2026 22:01 Actualizado: 27.05.2026 22:01 Hace dos semanas, Carmen Navas, la madre del venezolano Víctor Hugo Quero Navas, se enteró de que su hijo había muerto un año atrás. Lo había buscado incansablemente por toda Venezuela, y nadie le daba razón de su paradero. Víctor Hugo era un vendedor informal que desapareció en enero de 2025. Unos meses después, las autoridades le indicaron a Carmen, de 83 años, que su hijo estaba preso, pero nadie le dijo dónde. Siguió buscándolo en todas las cárceles del país hasta que dieciséis meses después encontró lo que ninguna madre quiere encontrar. Exhumaron el cuerpo y lo enterraron en un lugar donde la familia podrá visitar su tumba. Nueve días después de encontrarlo, murió Carmen.Muchas veces, en Colombia nos hemos conmovido con noticias similares. Madres que van de municipio en municipio, de oficina en oficina con una foto en la mano, pidiendo alguna pista que las lleve al paradero de sus hijos. Y son ellas las que buscan porque los padres, en su mayoría, están ausentes, una realidad de muchos países de América Latina, como lo retrató Juan Rulfo. Son las mujeres quienes dan a conocer las historias de sus familiares para darles visibilidad y quienes no desfallecen hasta encontrar una respuesta. No encuentran apoyo en el Estado, tampoco en la sociedad. No tienen un cuerpo que enterrar, ni una tumba donde llorar su pérdida. Viven en una incertidumbre permanente.Exhumaron el cuerpo y lo enterraron en un lugar donde la familia podrá visitar su tumba. Nueve días después de encontrarlo, murió CarmenLa escritora mexicana Alma Delia Murillo, en el libro Raíz que no desaparece, utiliza los árboles enfermos como metáfora para explicar las desapariciones forzadas. En México, dice Murillo, los árboles revelan más pistas que las investigaciones judiciales cuando se trata de encontrar a personas desaparecidas. Son ellos testigos silenciosos del horror, y en ocasiones pueden compartir sus raíces con una fosa clandestina. Cuando esto sucede, el tronco se manifiesta con un hongo negro que las madres de las personas desaparecidas aprendieron a reconocer. Lo saben porque sus hijos se lo han contado en sueños.Las desapariciones forzadas ocurren con participación de agentes del Estado, un patrón que evoca los métodos de las dictaduras militares del Cono Sur. En Colombia, según la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, se registran 132.877 casos en hechos relacionados con el conflicto armado, con participación de guerrilla, paramilitares y agentes oficiales. Aquí los árboles también tienen memoria en sus raíces.IG: @Dianapardogp Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.