Hace cuatro años, cuando Gustavo Petro buscaba la presidencia de Colombia, gran parte de quienes lo apoyaban querían con su voto dejar atrás a Álvaro Uribe y a todo el uribismo; eso, en gran medida, llevó al poder a Petro. Hoy, la disyuntiva es otra: el país está dividido entre petristas y antipetristas, como si las elecciones presidenciales, que este domingo tienen su primera vuelta, fueran una especie de referéndum del actual gobierno de izquierda y del mandatario.De acuerdo con la Registraduría Nacional del Estado Civil, 41.4 millones de colombianos están habilitados para ejercer el voto. Si ninguno de los 14 candidatos logra superar 50% +1 de los votos, habrá una segunda el 21 de junio.En todas las encuestas aparece como ganador Iván Cepeda, candidato oficial y del izquierdista Pacto Histórico, con una intención de voto que oscila entre 35% y 42% de los votos. Le sigue, creciendo de una manera importante, Abelardo de la Espriella, un abogado conocido por defender a narcotraficantes y paramilitares, que emergió de un movimiento ciudadano, Defensores de la Patria, y que en algunas encuestas figura con 30% de la intención de voto. Esto deja muy atrás a Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático y del expresidente Álvaro Uribe.Lee también Colombia acusa a Ecuador de "injerencia" electoral tras anuncio sobre aranceles; busca impulsar a la extrema derecha, acusa PetroSi bien el uribismo se sigue desdibujando, de cara a la segunda vuelta, lo más probable es que las dos fuerzas de derecha olviden los ruidosos ataques que han protagonizado y se unan contra el petrismo y Cepeda. “Es tan dura la reacción contra Petro, que la derecha se dividió entre la rural, religiosa, defensora de la familia, terrateniente, implicada en el paramilitarismo —porque esa es la historia colombiana—, esa derecha de Uribe y de Paloma, y una derecha con características de fascismo urbano, una derecha bukeliana, mileisiana y sumamente peligrosa, de fórmulas mágicas: ‘En 90 días recupero el territorio nacional’ o ‘voy a construir 10 megacárceles y a meter ahí a todos los bandidos’, que es lo que promete De la Espriella”, señala e EL UNIVERSAL el doctor Hernando Gómez Buendía, académico, consultor y director de Razón Pública. Gómez Buendía evidencia las paradojas: “Colombia está tan derechizada que Álvaro Uribe se convirtió en el centro. El país se ha movido hacia la derecha por tanto miedo y rabia por la emergencia de ese otro país, el país de abajo que se asomó”.Lee también Colombia elige presidente entre la polarización, la violencia y la incertidumbre; ¿continuidad o cambio?El orden público y la seguridad, la salud y la corrupción son problemas que aquejan a Colombia y que más aparecen en las encuestas. Se suma la situación económica, una posible crisis energética que se complica por la llegada del fenómeno de El Niño y el narcotráfico. “Tenemos un país que además de ser desigual en lo social tiene graves diferencias territoriales”, dice la abogada y filósofa Viviana Barberena. Sostiene que el narco ha ganado poder territorial pero también entre la sociedad, que cambió sus ideales y se acostumbró a que “ruede plata” del narco. Advierte que existen ciudades como Santa Marta, en cuyas playas todos los vendedores son extorsionados, o departamentos como el Chocó, donde una toma guerrillera deja a los pueblos confinados.“Colombia vive guerras territoriales —explica Barberena—, y todo el mundo se siente inseguro, no hemos logrado superar la violencia; hicimos un proceso de paz muy avanzado, pero llegó este presidente y dijo: ‘Esa paz no me sirve, yo quiero la Paz Total’. Pero la Paz Total recrudeció la violencia y va a terminar su mandato y no llegó a ningún buen puerto”.Sebastián, un joven librero de Medellín, comparte esa percepción de violencia: “Es muy peligroso lo que está pasando porque se puede volver a recrudecer, no se nos olvide que en este país hace años desaparecieron por completo a un partido (Unión Patriótica)”.Lee también EU ataca presunta narcolancha en el Pacífico y mata a tres; ejecutan operación Lanza del Sur en aguas internacionales“Para nosotros, hace tres años se ha puesto complejo”, dice una lideresa campesina. “Desafortunadamente nos debemos acostumbrar a estar dentro del conflicto, en un territorio donde no nada más hay un actor al margen de la ley, sino que nos están tocando tres o cuatro, y tenemos que ser muy neutros para poder sobrevivir”. Esta campesina —ni su nombre ni su lugar de vivienda se publican por seguridad— vive en una zona rural del norte del departamento de Antioquia, cerca de donde hace unas semanas fue asesinado un periodista de 25 años, Mateo Pérez, por las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Ahí, como en otras del país, se disputan los recursos —y la población— fracciones de antiguas guerrillas, el Clan del Golfo y otros grupos de delincuencia.“La violencia actual en Colombia no es política, es completamente rentística: del narcotráfico, del oro, de la madera; una violencia económica en regiones fronterizas donde el Estado es muy débil”, define Hernando Gómez Buendía.Zonas del Valle, el Cauca y Nariño, en el Pacífico —de donde sale buena parte de la cocaína hacia México y otros países—, han sido escenario de ataques de grupos ilegales; en la frontera con Venezuela, en el Catatumbo, la guerra entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias causó miles de campesinos desplazados; en el sur, hacia la Amazonia, hay una guerra interna entre las disidencias que, tan sólo esta semana, causó medio centenar de muertos; ahí, los Comandos de la Frontera saquean la selva y operan, además, en Perú y Ecuador.Lee también Enfrentamientos entre grupos de las FARC dejan al menos 48 muertos en Colombia; Ejército coordina operación para recuperar cuerposOtro problema grave es el de una deuda muy alta que superó 60% del PIB y un déficit fiscal de 7%. “El presidente que llegue”, indica Barberena, “tiene que hacer un ajuste presupuestal tremendo. Va a significar tomar decisiones extremas como vender, si todavía queda algún activo del Estado por vender, o seguir endeudándose hasta el límite de una quiebra”.Iván Cepeda, candidato presidencial colombiano del Pacto Histórico, con sus seguidores durante su último mitin de campaña en Barranquilla, el domingo pasado. Foto: Vanessa ROMERO / AFPEn esta elección no ha habido debates entre los principales candidatos que permitan conocer con claridad sus propuestas. “A todos los veo en el extremo de tratar de contentar a los que son sus posibles votantes; no se ha asumido con la responsabilidad suficiente el desafío que tiene Colombia”, expresa Barberena.Filósofo de profesión, Cepeda es senador y el mayor defensor de los derechos de las víctimas del Estado en Colombia. Después de que en julio de 2025 logró derrotar en primera instancia —en un juicio que después fue revocado— a Uribe, por soborno a testigos y fraude procesal, cobró protagonismo y se perfiló como candidato de la izquierda. Su programa abarca consolidar la Paz Total, profundizar las reformas sociales que dejó inconclusas el gobierno de Petro y luchar contra la corrupción.Lee también Candidatos colombianos cierran campaña con mítines masivos; buscan conquistar a indecisos rumbo al 31 de mayoCepeda, explica Gómez Buendía, “es una persona correcta, disciplinada, honrada. Representa a una izquierda institucionalizada; a diferencia de Petro, no es un caudillo, no va a redimir el mundo, va a ser menos es retórico. Pero no sabe nada economía, de política internacional y no tiene ninguna interlocución con los gremios”. Barberena señala que “Cepeda no es un hombre corrupto, es extremadamente serio y eso quiere decir que se va a inclinar objetivamente por lo que cree que debe hacer por el país, pero eso también está asociado a que puede ser muy inflexible”. El candidato no ha aclarado; por ejemplo, cómo va a manejar el Congreso o cómo va a manejar la crisis energética y la deuda pública. En el otro extremo está De la Espriella, abogado que nunca ha tenido una carrera política —ha incursionado más como cantante de vallenato—. Amigo y defensor de Alex Saab, que acaba de ser extraditado desde Venezuela a Estados Unidos y que ha sido acusado de ser testaferro de Nicolás Maduro, representa una derecha extrema que ha logrado generar entusiasmo en las calles colombianas. Para Gómez Buendía, De la Espriella “es la suma entre” los presidentes de El Salvador, Nayib Bukele; Ecuador, Daniel Noboa; argentino, Javier Milei. “Y, si le sobra un poquito de tiempo”, del mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, y el expresidente brasileño Jair Bolsonaro. “Es cínico, es un abogado de la mafia; un fenómeno grave de neofascismo, del siglo 21, más grave que Uribe”.La elección de hoy, independiente de si hay un ganador o si se va una segunda vuelta, anuncia para Colombia cuatro años más de polarización e incertidumbre; de nuevos actores ilegales, de un panorama incierto ante los golpes prometidos por De la Espriella, si resulta ganador. Hay grandes desafíos a superar para quien sea el nuevo mandatario y, además, Colombia ya no tendrá uno sino dos expresidentes omnipresentes, Uribe y Petro.Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.cdm
Colombia: entre el oficialismo y la ultraderecha | El Universal
Las encuestas apuntan a una segunda vuelta entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella; el narco, la seguridad, la salud, entre los temas clave












