Colombia llega a la segunda vuelta presidencial de mañana con una sociedad dividida y una campaña que profundizó las tensiones políticas acumuladas durante los últimos años. El oficialista Iván Cepeda, heredero político del proyecto del presidente Gustavo Petro, y el opositor Abelardo de la Espriella, un abogado penalista sin experiencia previa en cargos electivos, representan dos visiones opuestas sobre el futuro del país. La primera vuelta dejó un escenario abierto. De la Espriella obtuvo el primer lugar con el 43,7% de los votos, mientras que Cepeda alcanzó el 40,9%. Ahora, más de 41 millones de colombianos están llamados a decidir si respaldan la continuidad de las reformas impulsadas desde 2022 o si optan por un giro hacia una agenda centrada en la seguridad, el orden y la liberalización económica.
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Para la consultora política colombiana Isabel Foronda, la polarización actual excede la clásica división entre izquierda y derecha. “Hoy muchos ciudadanos votan desde el miedo, el cansancio, la esperanza o la necesidad de estabilidad”, explicó a PERFIL. Según la analista, el proceso electoral se transformó en una disputa marcada por emociones y percepciones sobre el presente y el futuro del país. Foronda sostiene que el reordenamiento político generado tras la llegada de Petro al poder, combinado con las preocupaciones por la inseguridad, la situación económica y el desgaste institucional, alimentó posiciones más firmes y menos moderadas. La especialista considera que uno de los rasgos distintivos de esta campaña es el creciente peso de los factores emocionales. A su entender, una parte importante del electorado llega a las urnas impulsada por sentimientos de incertidumbre, frustración y expectativa de cambio más que por una identificación ideológica tradicional. Dos modelos en disputa. Los respaldos de ambos candidatos reflejan esa fragmentación. Cepeda concentra el apoyo de sectores progresistas, organizaciones sociales, sindicatos, jóvenes identificados con agendas de derechos y una parte importante del electorado urbano. De la Espriella, en cambio, logró construir una coalición integrada por votantes conservadores, empresarios, sectores medios preocupados por la seguridad y ciudadanos desencantados con la gestión actual.“Más que una disputa ideológica tradicional, esta elección funciona como un plebiscito político y emocional sobre el rumbo que tomó Colombia en los últimos años”, señaló Foronda. En ese sentido, consideró que buena parte de los votantes evaluará el desempeño del gobierno de Petro al momento de emitir su voto. La seguridad aparece como una de las principales preocupaciones. También pesan la economía y la demanda de mayor estabilidad institucional. “La gente quiere cambios, pero también certidumbre”, resumió la especialista. Para Foronda, la segunda vuelta puede marcar un punto de inflexión. “El resultado definirá si Colombia profundiza el ciclo político iniciado en 2022 o si abre una etapa de reconfiguración institucional”, sostuvo. “También permitirá medir cuánto pesan hoy las emociones, las redes sociales y las nuevas formas de comunicación política frente a las estructuras partidarias tradicionales”, agregó. La mirada regional. El resultado será seguido de cerca más allá de las fronteras colombianas. Para el politólogo Antonio Aguilar, Colombia continúa siendo uno de los actores políticos y económicos más relevantes de América Latina y su elección puede ofrecer señales sobre las tendencias que atraviesan a la región. “La diferencia entre uno u otro gobierno probablemente estará en el énfasis que se otorgue a la integración regional, la relación con Estados Unidos, la transición energética y las prioridades de cooperación internacional”, explicó. Según Aguilar, una eventual victoria de Cepeda podría profundizar los vínculos con gobiernos progresistas de la región y mantener las líneas centrales de la política exterior impulsada por Petro. Un triunfo de De la Espriella, en cambio, podría fortalecer la agenda de seguridad, la atracción de inversiones y una relación más estrecha con Washington. No obstante, el analista cree que, cualquiera sea el ganador, Colombia mantendrá su papel estratégico en el continente y preservará márgenes de continuidad institucional. Aguilar señaló además que el proceso es observado con atención en toda América Latina por producirse en un contexto de creciente desconfianza hacia las instituciones y de fuertes cambios políticos en distintos países de la región. “Más allá del ganador, el gran desafío será recuperar consensos y fortalecer la gobernabilidad”, afirmó. El desafío después de las urnas. Más allá del resultado, los especialistas coinciden en que el próximo presidente enfrentará dificultades desde el primer día. La recuperación de la confianza ciudadana, la búsqueda de acuerdos y la respuesta a las demandas de seguridad y crecimiento económico aparecen entre las prioridades más urgentes. “Hoy ganar una elección no garantiza gobernar con facilidad”, advirtió Aguilar. “El futuro mandatario deberá administrar un escenario marcado por la polarización, un Congreso fragmentado y expectativas sociales elevadas”, agregó. Por eso, la votación de mañana no solo definirá quién ocupará la Casa de Nariño a partir del 7 de agosto. También pondrá en juego el rumbo político de Colombia en los próximos años y el lugar que ocupará el país en una América Latina atravesada por nuevos realineamientos y profundas transformaciones. *Enviada especial a Colombia.
















