Colombia elige este domingo al sucesor del pionero y convulso gobierno de Gustavo Petro, primer presidente de izquierdas de la historia moderna del país. Su legado aspira a continuarlo Iván Cepeda, veterano militante de la izquierda colombiana y favorito en la carrera presidencial. Enfrente, dos candidatos de la derecha se disputan la segunda plaza, deseosos de que Cepeda no logre la mayoría absoluta este domingo y de que el voto del miedo les dé la victoria en una eventual segunda vuelta, el 21 de junio.PublicidadLa cita llega tras cuatro años de un gobierno marcado por la fragmentación del Congreso, un clima de fuerte polarización y, sobre todo, por el asesinato del precandidato uribista Miguel Uribe Turbay, fallecido en agosto de 2025 tras el atentado que sufrió semanas antes en Bogotá. Un ataque que avivó los viejos fantasmas de la violencia política en un país que, pese a los esfuerzos de Petro, aún no ha alcanzado la "paz total".Un perfil distinto al de PetroEl candidato del oficialista Pacto Histórico, Iván Cepeda, encarna una figura de perfil distinto al del presidente saliente. A diferencia de Petro —cuyo mandato ha estado atravesado por bruscas reestructuraciones de gabinete y por giros en sus alianzas parlamentarias—, Cepeda llega con una trayectoria más sólida y un liderazgo más coral y dialogante. Senador desde 2014 y antes representante a la Cámara por Bogotá, su carrera está ligada de forma sostenida a los partidos de la izquierda colombiana —del Partido Comunista y la Unión Patriótica al Polo Democrático y el actual Pacto Histórico— y al activismo de los movimientos sociales y de derechos humanos.Hijo del senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas —asesinado en 1994 por agentes del Estado en connivencia con paramilitares, en lo que la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció en 2023 como parte del exterminio de aquel movimiento— y de la dirigente comunista Yira Castro, Cepeda forjó su perfil público en la defensa de las víctimas y la memoria. Fundó en 2003 el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), vivió un período de exilio en Europa y su prolongado pulso judicial con el expresidente Álvaro Uribe lo situó en el centro del debate nacional. Ganó la consulta interna del Pacto Histórico en octubre de 2025 y concurre con la senadora indígena nasa Aída Quilcué como fórmula vicepresidencial, sobre un programa de continuidad: profundización de las reformas sociales, transición energética y mantenimiento de la política de "paz total" con los grupos armados.Frente al liderazgo temperamental de Petro —que ha visto frenada buena parte de sus reformas por mayorías adversas en el Legislativo—, Cepeda se ha curtido en una cultura política partidista más definida, algo que, según quienes le conocen, debería traducirse en un gobierno más estable y con una hoja de ruta más clara. No en vano, una de las grandes críticas al actual mandatario ha sido precisamente el tránsito desde un gobierno de concentración nacional —que en sus inicios llegó a integrar a sectores del Partido Conservador y de la derecha— a una sucesión de batallas intestinas que alcanzaron incluso a su vicepresidenta.PublicidadLa apuesta por la primera vueltaLa gran apuesta de la izquierda pasa por vencer en primera vuelta. El objetivo es evitar un balotaje en el que las distintas opciones de la derecha y la ultraderecha pudieran reagruparse en torno a un "voto útil" frente a Cepeda, a quien sectores de las élites urbanas y rurales del país presentan como una amenaza comunista.Esa lógica de rechazo es, a juicio de los analistas, la principal incógnita de la jornada: lo que en primera vuelta es ventaja para la izquierda podría diluirse en una segunda ronda ante un voto unificado de las derechas.En el tramo final de campaña, los sondeos dibujaban una contienda de tres. Cepeda encabezaba con claridad: las mediciones le concedían entre el 33% del Centro Nacional de Consultoría y cerca del 45% de Invamer, pasando por el 37% de Guarumo y Ecoanalítica. De la Espriella, candidato ultra y outsider, se consolidaba como segundo tras un ascenso rápido en mayo, en una horquilla que iba del 27% al 31% y que lo situaba muy cerca del oficialismo en los estudios que más lo favorecían. La senadora Paloma Valencia quedaba tercera y más rezagada, con cifras que oscilaban entre el 12% y el 22% según la firma. Todas coincidían en el orden y en una tendencia: el voto en blanco menguaba a medida que los indecisos se decantaban.PublicidadFrente al entorno del 40% que obtuvo Petro en la primera vuelta de 2022, esas cifras apuntan a que la izquierda consolidaría e incluso podría ampliar su techo electoral. Otra cosa es que la ventaja baste para superar el umbral del 50% más uno que exige una victoria directa, algo que la mayoría de los estudios no daba por descontado. De hecho, en los escenarios simulados de segunda vuelta los márgenes se estrechaban hasta volverse, en varias mediciones, adversos para el oficialismo.Dos derechas en pugnaEnfrente concurren dos candidaturas de la derecha radical. El uribismo juega su baza con Paloma Valencia. Abogada y filósofa nacida en Popayán en 1978, nieta del expresidente Guillermo León Valencia y senadora desde 2014, es la primera mujer que aspira a la presidencia por el Centro Democrático, el partido del expresidente Uribe. Su programa gira en torno a la seguridad —una propuesta de mano dura que resume en las llamadas 4R (reducir los ingresos de los grupos ilegales, robustecer la fuerza pública, "reenamorar" a las comunidades y restablecer la legalidad) y en el lema "Orden, Firmeza y Corazón", eco del "mano firme, corazón grande" con el que Uribe llegó al poder—, junto a la reducción del Estado y la reactivación económica. Ganó en marzo la Gran Consulta por Colombia, que la proyectó como abanderada institucional de la derecha, y sumó como fórmula vicepresidencial al tecnócrata de "centro" Juan Daniel Oviedo para tender puentes hacia el electorado moderado.La otra candidatura es la de Abelardo de la Espriella, un outsider que ha irrumpido con fuerza. Abogado mediático nacido en Bogotá en 1978 y criado en Montería, conocido por defender a clientes controvertidos, nunca ha ocupado un cargo público, ausencia que reivindica como prueba de su independencia frente al establishment. Concurre por el movimiento Defensores de la Patria con un discurso de autoridad y espectáculo, admiración declarada por el legado de Uribe y la pretensión de liderar lo que él llama el "posuribismo". Su campaña, jalonada de polémicas que no le han pasado factura en las encuestas, lo ha situado como el rival directo de Cepeda en la mayoría de los sondeos. De la Espriella ha agitado con astucia el sentimiento antipolítica, apoyándose en un hábil manejo de los medios y las redes sociales.En la recta final, ambas candidaturas han chocado entre sí en la disputa por el electorado conservador. Valencia endureció sus críticas contra De la Espriella, al que llegó a equiparar en tono con Petro y con el propio Cepeda, mientras la coalición uribista perdía apoyos —algunos de sus dirigentes anunciaron incluso su voto por el abogado—. La derecha llega así fracturada a la cita. Aun así, todos los cálculos apuntan a que, de haber segunda vuelta, quien quede fuera terminaría llamando al voto útil por el candidato que dispute el balotaje a Cepeda; las tensiones de estas semanas hacen, sin embargo, ese reagrupamiento menos automático de lo que la aritmética sugeriría.Un país en viloEl desenlace mantiene en vilo a un país que solo una vez, en 2022, ha confiado el poder a la izquierda y cuya historia reciente está atravesada por la violencia estatal, paramilitar y guerrillera, con una derecha que, en un Estado de fuerte influencia eclesial y tradicional alineamiento con Washington, ha tendido a criminalizar y perseguir a la izquierda institucional. Este domingo se decidirá si esa experiencia de gobierno progresista se prolonga otros cuatro años o si la derecha —en su versión uribista o en la del outsider De la Espriella— recupera la Casa de Nariño. Si nadie alcanza la mayoría absoluta, la respuesta definitiva se aplazará hasta el 21 de junio.