Tiempos confusos, líneas difusas, trazos borrosos. Todo el tema de la investigación y más que previsible causa contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero está edificada sobre arenas movedizas. El reproche ético y político a buena parte de sus actividades privadas, con sus vínculos especialmente con Venezuela, pero donde aparecen también China y vaya usted a saber si los Emiratos, es ya un monumento a lo que debería ser un estatus de expresidente que permita distinguir entre influencia y delito. Algo bueno tal vez saldrá de todo esto y habrá en el futuro mayor transparencia, pero nada de eso borra la suspicacia y la desazón ciudadana ante políticos y jueces, que hace tiempo que bailan juntos una danza en la que en ocasiones parece que la justicia acelera o frena de acuerdo con tiempos y hasta motivaciones políticas.El mazazo moral para lo que llamamos izquierda ha sido y está siendo brutal. La esencia de la democracia parlamentaria es la alternancia en el poder, obviamente. Y ahora mismo el cambio de ciclo y de gobernantes se antoja irreversible.Sospechas, conjeturas... pero no ocultan la evidencia de que Zapatero usaba sus contactos para hacer negociosY, sin embargo, estamos hablando de un caso que no solo tiene aristas, sino en el que también aparecen matices. La agenda de un expresidente del gobierno de España, como la de todo alto cargo, es un bien valioso en sí mismo, más todavía en estos tiempos de comunicaciones directas y sin los filtros de antaño. Esos perennes acompañantes nuestros, los teléfonos móviles, son la punta de lanza del nuevo capitalismo tecnológico, ese que se mueve entre los datos y la vigilancia y que juega también en los casinos de la política y el poder. Prácticamente todo made in USA, como es notorio.Sospechas, conjeturas, sesgos, trazos borrosos, sí, pero que no ocultan la evidencia de que todo un expresidente del gobierno usaba sus contactos para hacer negocios. Lícitos o ilícitos, ya se verá, pero hasta las referencias a él de terceros lo dejan en muy mal lugar. Dani DuchEn tiempos de confusión, y aunque a su vez los filósofos griegos a menudo usasen trazos borrosos, vale la pena regresar a los clásicos. Hay una paradoja que es casi una aporía, la paradoja de sorites ( sorites se traduce del griego como una pila o un montón de algo), también conocida como la paradoja del montón. Sirve para distinguir los conceptos vagos, indefinibles, de los que son precisos y se pueden reducir a fórmula lógica o matemática. Pudiera ser Zenón de Elea el primero en establecerla, pero en puridad el argumento sorites es una paradoja atribuida a Eubulides de Mileto, que fue, en efecto, un reconocido creador de paradojas.Imaginemos algo difícil de contar: un montón de arena, por ejemplo. Sigamos imaginando: nos ponemos a contar los granos de arena de ese montón y resulta que son exactamente dos millones de granos. Supongamos que quitamos un grano del montón. ¿Sigue siendo un montón? ¡Por supuesto! Incluso si le quitamos cien o mil granos de arena, el montón de arena seguirá siendo un montón de granos de arena.Pero aquí es donde operan la lógica y la afilada mente griega: si no hay un límite claro, podremos seguir restando granos de arena del montón, y el montón, aunque sea un montón más pequeño, seguiría siendo un montón. El absurdo llega con el último grano de arena. Dado que no hay parámetros definidos ni establecidos, ese último grano del montón también debería ser un montón.Juegos lógicos al margen, la paradoja de sorites es útil para entender que no todo es o blanco o negro, verdadero o falso, culpable o inocente. Hay gradaciones también en la certeza y la verdad.Ante cosas que no se pueden determinar de forma irrefutable e indubitada, lo coherente es aplicar un principio de tolerancia que, hélas!, puede variar de una persona a otra o incluso cambiará según el momento. Dicho en cristiano, si vemos por vez primera un montón de granos de arena formado por un millón de granos, nos parecerá un montón. Si a continuación nos muestran otro montón que solo contiene cien mil granos de arena, puede ser que nos parezca otro montón más pequeño o bien que digamos que eso no es un montón, eso ya sería una palada de arena o un puñado o, por qué no, un par de puñados.Todo es relativo. Pero hay un montón de indicios.
Trazos borrosos, por Daniel Fernández
Tiempos confusos, líneas difusas, trazos borrosos. Todo el tema de la investigación y más que previsible causa contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero está edificada sobre arenas movedizas. El reproche ético y político a buena parte de sus actividades privadas, con...















