Vivimos como si no fuéramos a morir y morimos como si nunca hubiéramos vivido. El senador David Rice Atchison pasó a la historia por una ironía casi absurda.
Por una extraña transición presidencial en los Estados Unidos, tuvo la posibilidad de convertirse en presidente por un día. Pero la noche anterior se perdió entre fiestas, comida y bebida. Dio órdenes estrictas de no ser despertado y terminó durmiendo durante toda su presidencia.
Se quedó dormido en el momento más importante de su vida. Y quizás esa no sea solamente su historia. Quizás sea también la nuestra.
Las grietas también florecen: la belleza de transformar las heridas en luz
Porque muchas veces la vida nos entrega un reino entero y nosotros vivimos dormidos. Dormidos frente a nuestro potencial. Dormidos frente a nuestra misión. Dormidos frente a la posibilidad de convertirnos en aquello que realmente podríamos ser.















