Una vez más en su larga historia de fracasos, el país vive momentos bisagra, entre proseguir el camino de un cambio esperado por muchos argentinos, o retomar el rumbo de la secular decadencia entronizada desde hace muchas décadas. Frente a un proceso iniciado hace poco más de dos años por un fenómeno político inesperado, el gobierno libertario, su protagonista, da muestras desde meses atrás, de un virtual autismo inmovilizador, sacudido por inexplicables y reiterados errores propios, disputas internas desgarradoras, y defensa de funcionarios que contradirían, en principio los postulados de anticorrupción pregonados en los más altos niveles. El gobierno aparecería en la actualidad, encerrado en una guerra abierta entre los dos sectores ubicados en lo más alto del poder presidencial, (enfrentamiento silenciado en los últimos meses por el escándalo que rodea al Jefe de Gabinete de Ministros), nunca antes expuesto abiertamente por los respectivos líderes, y ante la aparente prescindencia presidencial en ese sentido.

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