De crío, a Imanol López (Zumaia, 1984) le gustaba ir al frontón con su padre. "Para mí, era como si estuviera en Disney, recuerda. Al principio, su idea fue siempre la de probar con la pelota a mano. Sus preferencias, sin embargo, no encajaban del todo con las de la mayoría dado que nadie se dedicaba a dar clases de esa modalidad de pelota en su localidad natal "y yo, lo que quería, era un poco de dinamismo". Un buen día, dos amigos le comentaron la posibilidad de apuntarse a una escuela de cesta punta "que fundó una persona a la que hay que darle mucho crédito como es Manuel Mugerza". Fue un auténtico flechazo. "Me enamoré de la cesta y ya no pude soltarlo". Ahora ya lo ha conseguido justo cuando ha decidido retirarse a sus 42 años. La despedida del zaguero guipuzcoano se produjo hace un mes a lo grande con el histórico frontón San Telmo de Zumaia como testigo. Había vuelto triunfador a su Disney imaginario. El real, el que está situado en Orlando, ya tuvo la oportunidad de visitarlo en más de una ocasión durante los once años que jugó como profesional en Florida.Su carrera está jalonada de éxitos y reconocimientos a lo largo y ancho de las 23 temporadas que se mantuvo en activo. ¿Y eso da para vivir de las rentas muchos años? El puntista guipuzcoano piensa antes de contestar hasta que suelta entre risas: "¡Ya estamos como Broncano!". Al final, cede y reconoce que "podría hacerlo unos añitos, pero no hasta que me pueda jubilar". Y para eso aun le queda mucho tiempo. Ganó ocho campeonatos del mundo de la especialidad -dos de ellos individuales- desde que debutara a los 18 años en la considerada "catedral" de la cesta punta como es el frontón Jai Alai de Gernika. "Es que, además de tener un público muy exigente y entendido, su arquitectura es brutal y el frontis, hecho con mármol de Markina, es una locura", señala. Pero no es ni de lejos su frontón preferido. Es el de su pueblo. "No puedo contestar de otra manera si no quiero ganarme enemigos", espeta.Antes de emprender la aventura americana López llevaba varios años practicando una modalidad de la pelota vasca que le ha convertido en un icono para los más jóvenes. En sus inicios, lo habitual es que las empresas norteamericanas tuvieran ojeadores en el País Vasco para seguir de cerca a los pelotaris más prometedores e invitarles a cruzar el charco si les llegaban a convencer. Al zumaiarra le siguieron los pasos desde los 16 años, lo que ocurre es que sus padres prefirieron mantenérselo en secreto hasta que cumpliera la mayoría de edad. Todo se aceleró a partir de entonces.Nada más debutar en el profesionalismo recibió su primera oferta para "hacer las Américas". Solo le faltaba completar sus estudios. "Mis padres nunca me pusieron pegas porque siempre confiaron en mí para hacer un poquito lo que yo creía conveniente, pero siempre me recomendaban que estudiara algo antes de irme ya que el deporte no es para siempre y puedes tener una lesión o cualquier otra cosa", añade. Su aterrizaje en Miami se produjo en octubre de 2004. "Vimos unas cuantas palmeras, mucho sol y me dije que era un sitio ideal para quedarme". Era la segunda vez que viajaba en avión. Antes solo se había desplazado hasta Cuba para disputar en 2001 la Copa del Mundo. Los nervios por volver a volar e irse de casa le abrumaron un poco.El idioma supuso la primera barrera a derribar en Estados Unidos. "Pensaba que tenía algo de idea de inglés porque era una asignatura que se me daba bien en la escuela, sin embargo, al llegar allí me di cuenta de que no entendía ni papa". El problema se solucionó pronto con la ayuda de sus compañeros más veteranos y unas cuantas clases "hasta que adquirí el nivel suficiente para poder sobrevivir". Durante esos primeros años en suelo estadounidense la convivencia se redujo a hablar y pasar el tiempo libre con los otros pelotaris vascos que residían en la localidad costera de Dania, a unos 40 kilómetros de Miami, porque todos jugaban en el Dania Jai Alai. "Era como vivir en Zumaia o en Markina". El grupo era una piña. Incluso compartían piso hasta que el Miami Jai Alai le contrató en 2006 y tuvo que mudarse. Era la oportunidad de codearse con los mejores en el Yankee Stadium, nombre con el que conocían en broma al frontón más importante de Florida.López, cuando llegó a Estados Unidos, era muy consciente de que la época dorada de la cesta punta ya había pasado. En la década de los setenta el tercer estado más poblado del país llegó a contar con diez frontones. El público se quedaba boquiabierto al ver cómo un pelotari trepaba con sus pies por la pared gracias a la potencia de sus piernas para atrapar una pelota que podía alcanzar una velocidad de más de 300 km/h. De hecho, el récord recogido en el libro Guinness lo ostenta otro puntista de Zumaia -Iñaki Osa Goikoetxea- con una bola que llegó hasta 302 km/h. En una sola temporada se podían vender cinco millones de entrada y un partido podía congregar a más de 15.000 espectadores. Entre ellos actores como John Travolta o deportistas como el boxeador Larry Holmes. "Lo único que puedo decir es que fui a una ciudad tan emblemática como Miami para dedicarme a lo que realmente me gustaba", indica.Enseguida pudo comprobar motu proprio que el boom de la cesta punta ya no era el que habían conocido sus compañeros más longevos. "Cuando llegué ya se notaba que estaba un poquito de bajada", precisa. Las empresas mantenían abiertos los frontones solo con la esperanza de obtener las licencias que les permitieran tener casinos. Solo con la venta de entradas no podían sobrevivir debido a que la afluencia de espectadores había disminuido. "La parte romántica no la vivimos", se lamenta. Antes, la gente prefería ver los partidos de cesta punta en vez de ir a animar a los Miami Heat. La cosa cambió a raíz de la consecución de tres anillos de la NBA (2006, 2012 y 2013). Las figuras de Saquille O´neal, Dwayne Wade y, sobre todo, la de LeBron James eclipsaban al resto de deportistas.Los años en que los pelotaris eran reconocidos por la calle habían pasado. "La gente empezó a parar a los jugadores de los Heat para hacerse fotos o pedirles autógrafos y nosotros pasábamos desapercibidos". Y eso que solían acudir a restaurantes de cierto renombre donde, como él mismo recuerda, llegó a coincidir con otros personajes que aún les hacían más sombra como el mismísimo Leonardo DiCaprio o cantantes como Enrique Iglesias o el portorriqueño Ozuna. Tal vez ese anonimato fue lo que le motivó para aprovechar al máximo los espacios de ocio y acudir a la universidad. Se matriculó primero en el Miami Dade College, para más tarde culminar sus estudios de Administración y Dirección de Empresas con un doble grado en finanzas en la Florida International University (FIU). "Me quedo con las cosas buenas porque disfruté de una ciudad top donde podía vivir de lo que realmente me gusta hacer", asevera.Si algo tiene de negativo su estancia en Florida es el recuerdo de los huracanes "aunque al final te acostumbras porque llegan a convertirse en parte de tu vida". El primero le sorprendió en 2006 pocos días después de adquirir una vivienda a la que no le había dado tiempo ni de amueblar. Al anunciarse el huracán un amigo le invitó a su casa para hacer una barbacoa "y a tomarnos un par de vinos". Cuando empezaron a caer al suelo las tejas de los edificios colindantes por la fuerza del viento, el ruido les impidió conciliar el sueño, así que acabó en un colchón que puso su amigo en el cuarto de baño junto a su mujer y el perro "hasta que pasó lo más fuerte".
Imanol López: "Ir al frontón con mi padre era como si estuviera en Disney"
Fue ocho veces campeón del mundo de cesta punta.










