El que fuera ayudante de Andoni Iraola en el club vallecano busca culminar la epopeya y el sueño del barrio
No se entiende al Rayo Vallecano sin su afición y la gente que habita su barrio. Pero tampoco se entiende sin Íñigo Pérez, una figura elocuente que devolvió al equipo a una competición europea 25 años después y que ha permitido soñar a cada aficionado con lo que a principio de temporada podía sonar marciano o utópico: llegar a una final para conquistar el primer título del club (contra el Crystal Palace, esta noche, a las 21.00, Movistar Liga de Campeones). El técnico navarro se ha convertido en la piedra angular de este equipo tan unido. Una unión encabezada por el entrenador y cohesionada por su capitán, Óscar Trejo, que vivirá un último partido con la Franja. “Hasta hoy [este martes] he tenido mayor responsabilidad y presión. Una sensacion de agobio. Estaba consumido, pero ahora les he pasado el balón a ellos, es el momento de los jugadores. Hay que intentar olvidar la presión y recordar esos momentos de niñez en el patio de recreo”, dijo el técnico en la rueda de prensa previa a la final.
Íñigo no es solo táctica ni un entrenador que solo se dedique a decir qué tienen que hacer sus pupilos. El navarro sabe lo que es Vallecas, es consciente de qué significa el Rayo para el aficionado y él, se entrega a ellos. “Mañana [este miércoles] debemos representar lo que es el barrio de Vallecas, nuestra gente, nuestra afición, las gradas que siempre están llenas. Ellos son nuestro fuego, nuestra identidad”, explicó. Para después proseguir: “Sientes una deuda emocional con el aficionado. No tiene nada que ver con el resultado si no que, con lo que hagas, sientan orgullo. Las colas eternas, los viajes por Europa dejándose el físico y la economía”.













