Cuando el 10 de julio de 2022 la bocina del Martín Carpena retumbó para poner fin al Mundial sub-17, miles de aficionados al baloncesto se hicieron la misma pregunta: ¿quién era ese tal Izan Almansa? Con poco más de dos metros de altura, no parecía demasiado alto, demasiado fuerte ni demasiado rápido para ganarse la vida bajo el aro, pero había guiado a España a una final mundialista que bien pudo haber terminado en gloria de no haber sido por el desplome general del último cuarto. Minutos después de que concluyera el choque, y aún con el shock del pabellón malagueño tras la victoria de Estados Unidos (67-79), el mismísimo Pau Gasol recibió en el centro de la pista, entre vítores, a aquel dorsal 13 de la selección española: Almansa había sido designado el mejor jugador del torneo, mismo galardón que recibiría solo unos días más tarde en el Eurobasket sub-18 y un verano después en el Mundial sub-19.
Estaba claro, España tenía un diamante entre manos. Nacido en Murcia e hijo de Steve Horton, un interior con 27 presencias en la ACB 2003-04 con el Murcia, Almansa se había acostumbrado a coleccionar distinciones individuales en los mejores torneos del baloncesto internacional. Un año antes de su primer MVP con la selección, el jovencísimo ala-pívot murciano había abandonado la cantera del Real Madrid, donde aterrizó dos años antes procedente del UCAM Murcia, para volar rumbo a Estados Unidos, donde se convertiría en el primer español en firmar por la ambiciosa Overtime Elite Academy. “Mi sueño es jugar en la NBA”, explicó entonces, cuando las proyecciones le situaban entre las 15 primeras elecciones del draft.






