El pívot de 21 años ejerce como pieza clave del primer título en el siglo XXI para la universidad

Cuando se marchó de Zaragoza por la puerta de atrás, vilipendiado como otro caso flagrante de la inevitable fuga de talento hacia Estados Unidos, Aday Mara no imaginó el guion que le reservaba su aventura en la liga universitaria. Tres años después de dar el salto, el gigante maño de 2,21 metros y 21 años acaba de proclamarse, junto a los Michigan Wolverines, campeón de la NCAA, un hito inédito para el baloncesto español. La victoria por 69-63 sobre los UConn Huskies, ante la friolera de 70.720 espectadores en el Lucas Oil Stadium de Indianápolis, otorga el segundo título de su historia y el primero en el siglo XXI a la universidad situada en Ann Arbor.

Para alcanzar la gloria en una liga universitaria profesionalizada a estas alturas –los jugadores tienen salario, los equipos realizan fichajes y los entrenadores pueden cobrar más que sus colegas de la NBA–, Mara tuvo que cambiar de aires y huir de Los Ángeles, donde se pasó la mayor parte del tiempo chupando banquillo en UCLA, otro de los mejores programas del panorama. El joven pívot, junto al resto del quinteto titular de los Wolverines, llegó al grupo hace un año a través del portal de transferencias para ponerse a las órdenes de Dusty May, entrenador que armó un equipo inquebrantable en defensa.