La historia de la economía andaluza en las dos últimas décadas es un tránsito traumático desde un modelo dependiente de la construcción hacia otro más complejo, donde la agroindustria, la exportación e industrias avanzadas han ido ganando peso. Un proceso que está tachonado por hitos clave y por nombres propios sin cuyo éxito o fracaso no se entiende la situación actual. Es clave para explicar qué ocurrió.Los vicios del sistema económico basado en la construcción desaforada y la corrupción en Andalucía estallaron antes que en ningún sitio en Marbella, donde el 29 de marzo de 2006 se desencadenó la Operación Malaya. Fue un anticipo de que el modelo estaba agotado. La caída desde la cima de la burbuja inmobiliaria fue dura a nivel global, pero en Andalucía adquirió tintes dramáticos. El año 2011 simboliza mejor que ningún otro esa ruptura. Mientras la juez Alaya abría en Sevilla la gran causa de corrupción que marcaría la política autonómica durante años, cerraba en Linares Santana Motor, epitafio de una industrialización fallida. Andalucía tocaba fondo poco después, en 2013, con una tasa de paro del 36,87%.

Sin embargo, en paralelo, se estaba incubando otro modelo. Lejos de los despachos, en el campo, la agricultura almeriense alimentaba a media Europa y buena parte de la economía rural se encomendó a sus cooperativas, que ya gozaban de gran tradición. Mientras la construcción se desmoronaba, figuras como Antonio Luque (Dcoop), Ricardo Delgado Vizcaíno (Covap) o también José María Pastor y Cristóbal Gallego (Jaencoop) daban el salto para que las cooperativas ganasen volumen y fueran capaces de competir a escala global.