El sector agroalimentario de Andalucía se consolida como uno de los principales motores económicos del sur de Europa y un referente global. Tras cerrar 2025 con exportaciones récord por encima de los 14.500 millones, los datos del primer cuatrimestre de 2026 confirman la tendencia al alza del comercio exterior. Este músculo macroeconómico no responde a un modelo corporativo deslocalizado, sino a una estructura capilar donde los grandes grupos cooperativos y las corporaciones familiares vertebran el territorio y compiten internacionalmente. La entrada de grandes fondos no ha desvirtuado esta realidad.En el epicentro de esta estructura se sitúa el cooperativismo agroalimentario, cuyas entidades aportan una facturación agregada superior a los 15.000 millones de euros. Más allá de su peso en el PIB regional, las cooperativas actúan como agencias de desarrollo en el medio rural, factor decisivo para la fijación de la población al territorio. Esta economía social comparte liderazgo con grandes firmas familiares que han sabido profesionalizar su gestión sin perder el control del capital originario.

El máximo exponente de esta confluencia es el sector del olivar. Andalucía cuenta con más de 300 municipios eminentemente olivareros y 1,6 millones de hectáreas que actúan como el mayor sumidero de carbono agrícola de Europa. En comercialización y molturación, gigantes cooperativos como Dcoop (mayor productor mundial de aceite de oliva), Jaencoop o Oleoestepa conviven con grandes corporaciones familiares españolas como Acesur y Migasa —determinantes en el refino y envasado global—, además de firmas de referencia como Deoleo.