Casi dos décadas después del estallido de la burbuja inmobiliaria, la urgencia de las administraciones por resolver la crisis habitacional está reactivando poco a poco el sector del ladrillo. Ayuntamientos y comunidades autónomas buscan fórmulas para agilizar el proceso y ampliar un parque residencial de titularidad pública mermado. Es también el principal objetivo del Plan Estatal de Vivienda que destinará a este fin más de 700 millones de euros.PublicidadEn consecuencia, los vecinos de los PAU (Programas de Actuación Urbanística) que se levantaron durante esos años ven cómo las grúas regresan a sus calles y temen que vuelvan a cometerse los mismos errores del pasado. Al principio no tenían siquiera servicio de recogida de basuras o autobuses; y todavía siguen reclamando escuelas, centros de salud o bibliotecas. Con la llegada de nuevas familias, estas carencias irán a más.Para denunciar esta situación, en Parque Venecia (Zaragoza) levantaron hace semanas un "cementerio" cuyas cruces representan cada una de las instalaciones que les faltan. Desde un centro cívico a una junta municipal. Lo hicieron en unas parcelas que debían destinarse a estos usos, pero que el Ayuntamiento ha recalificado y ha cedido al Gobierno de Aragón. Ahora servirán para la construcción de unos doscientos pisos de alquiler social.La población de este barrio prácticamente se ha multiplicado por seis en los últimos tres años, hasta alcanzar los 20.000 habitantes, y se contempla la llegada de 6.000 más. Su asociación vecinal se fundó en 2016, cuando se entregaron las primeras promociones. Sus miembros se atribuyen algunos logros, como tener una guardería pública o la ampliación de la línea de autobús.Más larga es la lista de promesas incumplidas que se acumulan y amplifican. Por eso ven especialmente grave que se extraiga suelo previsto para el desarrollo de equipaciones. La agrupación asegura no tener apenas información sobre la cesión y ha anunciado la creación de una plataforma de afectados. Reclaman a las dos administraciones implicadas "compensaciones en materia de movilidad, equipamiento deportivo o social derivadas de la pérdida con el cambio de uso de estos suelos".PublicidadLa lucha de las zonas dormitorio por hacer barrioLa historia de estos vecinos maños es la de muchas periferias de las grandes ciudades españolas. Los casos más sonados se encuentran en la capital. Barrios como El Cañaveral (Madrid), con cerca de 30.000 empadronados, siguen sin colegio ni centro de salud casi una década después de la llegada de sus "primeros colonos".Mientras tanto, el sureste no para de crecer. Solo en Los Berrocales y Valdecarros está prevista la creación de más de 55.000 nuevas viviendas. Se están construyendo auténticas ciudades a un ritmo frenético. La anterior alcaldesa, Manuela Carmena, frenó muchos de estos proyectos en busca de un crecimiento "más sostenible y racional". Con el cambio de gobierno se han vuelto a impulsar.Un poco más lejos, ya en Toledo, uno de los mejores ejemplos es Seseña. El Quiñón, erigido por Francisco Hernando, El Pocero, quedó a medio construir tras la crisis y ahora revive por la subida de precios en las ciudades cercanas. Aunque poco a poco el comercio ha ido llegando, el autobús a Madrid pasa cada hora y el hospital más cercano está a cuatro kilómetros.Publicidad"Esto ya lo vivimos en los años ochenta. Se construyó sin planificación y tuvimos que reorganizar los barrios años después y tras una larga lucha de sus habitantes, que consiguieron los servicios que ahora tienen", advierte Isabel González, miembro del Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad (GIAU+S) de la Universidad Politécnica de Madrid. "Otra vez estamos en un urbanismo especulativo donde las dotaciones no importan", lamenta.La urbanista define este proceso que se está dando en muchas áreas de nueva creación como una "desposesión de la ciudad en dos fases". Primero se externalizan los servicios y, más tarde, se alega que sobra terreno destinado a ellos: "Como no se han construido los colegios o centros de salud que tocaba, la gente se ha ido a otras zonas, a la concertada o se ha buscado la vida como ha podido. Ahora que esto ha pasado justifican que ya no hacen falta esos equipamientos para recalificar el suelo". En definitiva, dice, se está creando vivienda, pero no se están "generando ciudades".Impulsar la VPO, pero con controlLa mayoría de expertos coincide en que hace falta incrementar el parque residencial, especialmente el destinado a alquileres sociales, pero debe hacerse con control. "Si ya hay una carencia de prestaciones sociales y se incrementa la densidad de la zona, a la vez que se detrae suelo público, los problemas se multiplican", explica la investigadora de la Politécnica. Por este motivo insiste en el peligro de las recalificaciones, que solo deben darse en "casos extremadamente justificados".Alejandro López Parejo, arquitecto y coordinador del Observatorio Ciudad 3R, considera que sigue habiendo una tendencia de ciertas administraciones a priorizar una dinámica inversora fomentando la "ciudad producto" frente a la "ciudad vivible". "Los centros siguen aglutinando toda actividad cultural y productiva como lugares donde se cruzan todos los caminos y la gente se expande hacia sus periferias en función de la renta; cuanto menos se tiene, más lejos se acaba", argumenta.Para este experto, la clave está en "mirar y analizar" los barrios de toda la vida, esos donde vivían nuestros abuelos y abuelas. Son lugares que ya están equipados con transporte, comercio de proximidad, parques… "Estas zonas tienen mucho potencial y pueden densificarse cuando sea necesario, por ejemplo, segregando viviendas y esto sería mucho más eficiente y sostenible", dice. No sólo son un ejemplo de cómo construir, sino una oportunidad de evitar desplazamientos urbanos.Aun así, hay ocasiones en las que la única salida es consumir territorio. En estos casos el experto tiene claro que es necesario apostar por un modelo alternativo al de los PAU: "No podemos seguir haciendo Ensanches de Vallecas o Cañaverales, barrios con avenidas de 10, 12 carriles, y sin apenas transporte público, comercio de cercanía o equipamientos y dotaciones públicas". En definitiva, ambos académicos apuestan por estudiar el territorio en su individualidad. "Si bien puede ser necesaria una expansión urbana en Zaragoza, en otros territorios, como en Madrid, el problema de acceso está ligado a otros factores, como el precio o la salida del mercado inmobiliario de una gran cantidad de vivienda para destinarla a otros usos", concluye Isabel González.
La vuelta del ladrillo en las periferias agrava el problema de barrios sin colegios ni centros de salud
Uno de los casos más recientes está en Zaragoza. Los vecinos han denunciado la cesión de solares destinados a equipaciones públicas para construir más vivienda pública.








