EditorialLa dificultad para que el alza del PIB derive en una mayor prosperidad muestra la fractura entre el relato triunfalista del Gobierno y la realidad que ven los ciudadanos en tareas cotidianas como llenar la cesta de la compraEUROPA PRESSActualizado Viernes,

mayo

23:23Audio generado con IALas tasas elevadas de crecimiento que sigue registrando nuestro pa�s no se est�n traduciendo en una mejora del bienestar social, lo que ahonda en el castigo a las clases medias. La dificultad para que el alza del PIB derive en una mayor prosperidad muestra la fractura entre el relato triunfalista del Gobierno, sustentado en una recaudaci�n fiscal r�cord y en un elevado gasto p�blico, y la realidad que ven los ciudadanos en tareas cotidianas como llenar la cesta de la compra, una coyuntura agravada por la escalada del precio de los combustibles como consecuencia de las tensiones geopol�ticas. Que las condiciones de vida sean cada vez peores para millones de espa�oles no es una percepci�n, sino un hecho cierto que no puede desvincularse de la par�lisis de un mandato agotado.Tras afirmar que el salario medio en Espa�a creci� un 23% entre 2018 y 2024, por encima de la inflaci�n, Pedro S�nchez afirm� ayer en X:�Frente al ruido medi�tico, la realidad de este pa�s�. Ciertamente, los salarios han avanzado, pero no lo suficiente para compensar el alza de los precios y de la presi�n fiscal, lo que se a�ade al empe�o del Gobierno en negarse a deflactar el IRPF, es decir, a ajustar los tramos de este impuesto al incremento del IPC. El presidente, quien blande la estabilidad como subterfugio para prolongar esta legislatura, se aferra a los datos econ�micos para sobrevivir en medio de un alud de corrupci�n. Pero este atrincheramiento no puede hacerse a costa de retorcer las cifras. La realidad que le cuesta admitir a Moncloa es que los salarios netos reales no han subido, agravando la p�rdida de poder adquisitivo de las familias. De ah� la necesidad de atender el aviso de las patronales y los sindicatos que integran el Consejo Econ�mico y Social (CES), que han advertido de que �el puente entre crecimiento y bienestar social se ha roto�. La vivienda y el coste de la vida se comen la mejora de los salarios y del empleo. La merma de poder adquisitivo entra�a un reto de largo alcance que exige iniciativas compatibles con la disciplina fiscal y dirigidas a los sectores m�s expuestos, aunque el CES tambi�n ha puesto el foco sobre el retraso en la emancipaci�n de los j�venes y unas an�malas tasas de pobreza infantil.El Ejecutivo no puede seguir mirando para otro lado ante este preciso diagn�stico. Como tampoco puede deso�r la llamada de la AIReF a poner fin al agujero de las pensiones. En un demoledor informe, la Autoridad Fiscal se�ala que las medidas puestas en marcha para insuflar ingresos evitan tener que aplicar m�s ajustes, pero en s� mismas no garantizan la sostenibilidad del sistema. De hecho, el Ejecutivo tendr� que desviar 50.000 millones a este cap�tulo.La pesada carga de la inflaci�n y el riesgo que planea sobre las pensiones muestran la urgente necesidad de contar con un Gobierno s�lido y capaz de afrontar las reformas pendientes.