La economía de España ha sorprendido para muy bien desde 2021 a esta parte. La pandemia del covid y la recesión posterior pusieron en duda la vuelta de la economía a sus niveles de 2019, pero con la ventaja de la retrospectiva se puede decir que el PIB (en términos agregados) ha superado todas las expectativas, y lo que comenzó siendo una salida en 'V' de la crisis ha terminado convirtiéndose en una salida en tick (el símbolo de verificación donde la V estira su segunda subida). El éxito y la sostenibilidad de esta salida ha estado apoyado por un sector exterior que ha presentado aportaciones positivas al PIB durante varios años, permitiendo que la economía haya crecido, incluso por encima de su potencial, sin generar desequilibrios, una situación casi inédita en España. Fuerte crecimiento, creación de empleo, inflación controlada y superávit por cuenta corriente. Sin embargo, esta fórmula ha cambiado en los últimos trimestres, generando ciertas dudas en la sostenibilidad del modelo y comenzando a recordar al ciclo expansivo 1999-2007. El sector exterior ha dejado de aportar al PIB, mientras que el consumo, el turismo y el sector inmobiliario presentan una creciente porción del crecimiento de la economía. Ha saltado la señal de avería en la economía de España.El sector exterior no es un tema secundario para la economía española. Las exportaciones de bienes y servicios suponen cerca del 37,1% del PIB, con 393.000 millones de euros de facturación en 2025. Si bien la cifra es algo menor que a Alemania y pequeños países muy dependientes del comercio como Irlanda o Bélgica, la realidad es que el peso es mayor que en países como Francia (34% del PIB) o Italia (34% del PIB). Por supuesto mucho más importante que EEUU.