Si la economía española fuese una partitura, hoy sonaría una música distinta a la de hace unos años. Durante la recuperación pospandémica, el ritmo lo marcaban las exportaciones y el consumo público; ahora son los hogares y las empresas quienes marcan el compás. El consumo de las familias y la inversión privada han ganado peso en el crecimiento, impulsadas por el tirón del empleo, la relajación de los tipos de interés y un intenso aumento demográfico a lomos de la inmigración. Salvo sorpresa, España cruzará la frontera de los 50 millones de habitantes a finales de 2026. Y para darles cobijo, las grúas han regresado al horizonte de las ciudades españolas: los

mia/2025-02-27/la-construccion-de-casas-nuevas-crece-al-mayor-ritmo-en-16-anos.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/economia/2025-02-27/la-construccion-de-casas-nuevas-crece-al-mayor-ritmo-en-16-anos.html" data-link-track-dtm="">visados de obra nueva aumentan a su mayor ritmo en 16 años.

El ruido y la furia del debate político distraen a menudo la atención de los fríos números, pero la realidad es que la economía está acelerando. El crecimiento del PIB, del 0,7% en el segundo trimestre del año, destaca aún más por el contexto en el que se produce: incertidumbre geopolítica y comercial disparada, y atonía generalizada en los países avanzados, sobre todo en Alemania y Francia, los colosos del euro. “Lo que está tirando ahora es la demanda interna: el consumo de los hogares y la inversión de las empresas. Es un modelo de crecimiento equilibrado y más sostenible”, explicaba el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, en una reciente entrevista en EL PAÍS.