Nadie dijo que la transición energética tuviera que ser fácil. La progresiva generalización del coche eléctrico en detrimento de los automóviles de combustión –gasolina y gasoil– choca no solo con los precios de los vehículos, sino con problemas prácticos como su escasa autonomía y la ausencia de una amplia red de electrolineras para permitir una recarga fácil y rápida de las baterías.Muchos ciudadanos afrontan cada día estos obstáculos, entre ellos también los propios comisarios europeos. Según una información de Politico , varios miembros de la Comisión Europea se han quejado de los problemas para cubrir los frecuentes desplazamientos entre Bruselas y Estrasburgo (sede del Parlamento Europeo), que se alargan a causa de la necesidad de parar a mitad de camino, generalmente por Luxemburgo, a recargar las baterías.Todos los comisarios tienen asignados vehículos eléctricos –Agenda Verde obliga–, salvo la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, quien, al precisar un coche blindado, sigue circulando con gasolina.