El fermentado coreano más famoso del mundo no solo alegra un plato de arroz, unas verduras salteadas o una carne a la plancha. Una nueva investigación sugiere que una bacteria presente en el kimchi podría unirse a partículas de nanoplásticos en el intestino y favorecer su eliminación. La noticia es prometedora, sí, pero conviene leerla con calma: de momento hablamos de estudios de laboratorio y en ratones, no de una prueba definitiva en humanos.

El kimchi lleva siglos ocupando un lugar central en la cocina coreana. Picante, ácido, crujiente, aromático y lleno de carácter, se prepara tradicionalmente fermentando col china —aunque también hay versiones con rábano, pepino u otras verduras— con sal, ajo, jengibre, cebolleta y gochugaru, el chile coreano en copos.

En los últimos años se ha convertido en uno de esos ingredientes que han saltado de las mesas coreanas a medio mundo. Lo vemos en restaurantes asiáticos, en bocadillos, bowls, tortillas, arroces, tacos, hamburguesas y hasta en platos de aprovechamiento. Pero ahora el interés no viene solo por su sabor, sino por lo que ocurre durante su fermentación.

Un estudio publicado en Bioresource Technology ha analizado bacterias lácticas derivadas del kimchi y ha puesto el foco en una cepa concreta: Leuconostoc mesenteroides CBA3656. Según los investigadores, esta bacteria mostró una alta capacidad para unirse a nanoplásticos en condiciones de laboratorio y también aumentó su excreción fecal en un modelo animal con ratones libres de microbiota.