Soy mamá de un niño de 3 años, el cual siempre ha sido muy apegado, siempre ha estado junto a su papá y junto a mí, nunca se queda a dormir donde sus abuelos, si salimos de viaje vamos los tres, no se ha separado de nosotros para nada.Él es muy activo, como cualquier niño de su edad, mientras esté solo con su círculo familiar. El problema radica cuando se lo quiere integrar a jugar con otros niños: le gusta, pero siempre y cuando su papá o yo estemos cerca.Este año lo metí en un vacacional para que se adapte y pueda entrar a prekínder y haga amiguitos, pero realmente esto fue un tormento, solo fue dos días y lloraba, gritaba, golpeaba la puerta, ya que en esta escuela no me permitieron entrar con él, lo que no me gustó para nada, porque mi hijo nunca se había quedado solo y pienso que esto fue un golpe traumático para él.PublicidadMi duda es si realmente necesita asistir a prekínder para socializar o debo esperar a que esté un poco más grande. No sé si debo dejarlo hasta que se adapte aunque llore, como me dicen muchos. Mamá en dudasHola. Es muy valioso el apego que ustedes han construido con su hijo. Ese vínculo entre padres e hijos es importantísimo para el desarrollo emocional y la sensación de protección durante los primeros años de vida y también es importante comprender que, dentro del desarrollo infantil, todo extremo puede convertirse en un factor que dificulte ciertos aprendizajes. Cuando un niño nunca ha tenido oportunidades graduales para separarse, adaptarse o tolerar pequeñas frustraciones, puede resultar más difícil enfrentar contextos nuevos y aprender cómo regularse emocionalmente en ellos.PublicidadPublicidadPor lo que comentas, parece que tu hijo sí tiene interés en interactuar con otros niños; el desafío aparece cuando debe hacerlo lejos de sus figuras de seguridad. En estos casos, como familia, podría ser útil empezar a generar oportunidades pequeñas y progresivas en las que él pueda experimentar cierta independencia, siempre acompañado emocionalmente, pero sin cambios radicales o bruscos.También comprendo lo difícil que debió ser la experiencia del vacacional. Por el tipo de apego que describes, puede que una separación repentina genere mucho malestar. Y aunque esto pueda sentirse como una desventaja, no significa que el apego sea algo negativo; al contrario, el apego es esencial para la construcción emocional de un niño. Algunos niños, frente a estas experiencias, pueden llorar, gritar o enojarse intensamente porque aún no cuentan con las herramientas necesarias para regular esa separación.PublicidadMuchas escuelas, cuando identifican un apego muy marcado, intentan “cortar” la dependencia desde el primer momento porque consideran que así la adaptación será más rápida. Esta respuesta no busca decir si eso está bien o mal, sino resaltar la importancia de que, como mamá, puedas encontrar una institución y maestras que estén alineadas con los valores y el estilo de acompañamiento que deseas para tu hijo. Es importante que puedas sentir confianza en las personas que estarán a cargo de él y en la manera en que abordarán su proceso emocional.Respecto a si esto pudo haber sido un trauma, la palabra “trauma” implica experiencias que generan cambios significativos y persistentes en la vida cotidiana del niño. Algunos niños dejan de comer, presentan alteraciones importantes del sueño, muestran regresiones o crisis conductuales intensas e inesperadas. Si has observado cambios de ese nivel, sería importante profundizar en ello. Si no es así, probablemente podríamos hablar de una transición muy difícil y desagradable para él, más que de un evento traumático.Sobre tu duda de si debe ingresar ahora o esperar: si actualmente, a sus 3 años, ya presenta dificultades importantes para adaptarse socialmente a otros entornos, mi recomendación sería iniciar el proceso desde ahora, pero de manera respetuosa y progresiva, no esperar a que “con el tiempo se le pase”. El desarrollo socioemocional funciona igual que cualquier otra habilidad: necesita práctica, exposición gradual y acompañamiento. Por ejemplo, si una persona desea aprender inglés, necesita comenzar a practicarlo; no ocurre solamente porque pase el tiempo. Con la flexibilidad, adaptación y regulación emocional sucede algo similar.Tampoco considero que la mejor opción sea simplemente “dejarlo aunque llore”. Más importante que eso es identificar una escuela que pueda acompañarlo de forma amable y empática. Y sobre todo tú, como mamá, te sientas segura y confiada con el entorno escolar. Cuando los cuidadores sienten incertidumbre o desconfianza, muchas veces el proceso se interrumpe buscando razones como “todavía no está listo”, cuando en realidad la preparación ocurre a través del acompañamiento y de qué tan involucrado se encuentran los cuidadores con el proceso.PublicidadAlgunas recomendaciones que podrían ayudar durante este proceso son:Permitirle llevar un objeto de apego que le recuerde a mamá o papá (puede ser una almohada, manta).Enviar algún juguete favorito dentro de su mochila.Utilizar cuentos o historias visuales que le expliquen cómo será la escuela, quiénes estarán con él y qué puede esperar del entorno.Iniciar con jornadas reducidas e ir ampliándose progresivamente conforme gane seguridad.Y vuelvo a recordarlo, como psicólogo y padre de un niño de 2,5 años… como mamá, tienes derecho a involucrarte activamente en el proceso de adaptación de tu hijo. Puedes pedir retroalimentación constante, preguntar cómo lo acompañan cuando se desregula, con quién permanece, cómo logran calmarlo e incluso solicitar videos o reportes breves del proceso. Entre las respuestas que recibas, probablemente podrás percibir si existe seguridad, empatía y experiencia real en el manejo emocional de niños pequeños. Ánimos.Neil Dueñas, psicólogo infantil. Autismo, TDAH, conducta y aprendizaje. Especialista ABA.
Cuando el niño no quiere quedarse solo en el preescolar: ¿retirarlo, acompañarlo o dejar que llore?
El vínculo entre padres e hijos es importantísimo, no es algo negativo, pero todo extremo puede dificultar ciertos aprendizajes.









