Claves para comprender las bases del desarrollo emocional infantil y la llamada angustia por separación, y por qué las despedidas con calma son fundamentales para construir un apego seguro

El desarrollo emocional y cognitivo del ser humano durante los primeros años de vida es un proceso increíble y complejo. Uno de los hitos más significativos, y a menudo más desafiantes para los progenitores, es la llamada angustia/ansiedad por separación. Este comportamiento, lejos de ser una llamada de atención o un problema de conducta del menor, representa un avance natural y necesario en el desarrollo madurativo del menor.

Hacia los seis meses de vida, el cerebro del niño ya ha alcanzado un nivel de madurez que le permite diferenciar a personas conocidas y desconocidas, por lo que ya identifica con claridad los rostros que forman parte de su núcleo de seguridad y afecto. Esta capacidad de reconocimiento conlleva una consecuencia natural: la discriminación de lo desconocido. Cuando identifica a una persona que no pertenece a su entorno habitual, surge una sensación de rechazo. Esta reacción es una respuesta instintiva de protección a quien le genera incertidumbre y desconfianza.

Uno de los pilares del desarrollo cognitivo en la infancia es el concepto de permanencia del objeto, un hito que suele consolidarse entre los ocho y nueve meses. Antes de esta etapa, para un bebé lo que sale de su campo de visión simplemente deja de existir. Por esta razón, cuando un progenitor se retira de su habitación o de su vista, el menor se muestra angustiado por una sensación de vacío y miedo que parecen irracionales para el adulto, pero tienen un porqué muy bien argumentado.